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Comodoro
®
Juan José Güiraldes |
"Amalgama
de Tierra y Hombre"
por el Comodoro
® Juan José Güiraldes
El Gaucho comenzó destacándose en las vaquerías,
modo primitivo de aprovechamiento del ganado vacuno que, junto
con el caballar, se multiplicó prodigiosamente desde
la época en la cual unos pocos animales de ambas especies
fueron traídos a estas latitudes. Para esa forma de
cacería, consistente en desjarretear al animal con
una filosa medialuna en la punta de una pica, el Gaucho necesitó
del caballo e impuso un tipo de equitación muy singular.
Entre 1550 y 1750 las vaquerías hicieron del descendiente
del poblador venido de ultramar un experto domador y un jinete
que obtenía los recursos para sustentar su vida "changando"
por cuenta de los acopiadores de cuero y sebo, fuente, casi
única, de nuestra riqueza de entonces. El Gaucho nació
y se hizo "de a caballo" como autodidacta.
La
lucha más prolongada que tuvo el Gaucho fué
en el Desierto. Las tribus indígenas enfrentaron en
guerra al colonizador con ferocidad sin treguas. El Gaucho
tuvo que plantearla con la contundencia a que lo obligó
la dura resistencia de las indiadas, que defendieron peleando
palmo a palmo la posesión de la tierra en que se asentaban;
así no tuvieran conciencia de límites, de propiedad,
ni de nacionalidad.
Del
primitivo poblador de estas tierras, además, el Gaucho
recibió la herencia de saber soportar la soledad y
las inclemencias del tiempo, procurarse el alimento, aguantar
adversidad y luchar hasta el último aliento. También
debemos afirmar que el carácter trashumante le dio
al Gaucho un sentido irrenunciable de la Libertad.
El descendiente de españoles, como nacionalidad dominante,
se constituye en el principio nativo del arquetipo argentino.
Las inmigraciones que poblaron nuestro país con creciente
intensidad dieron matices a ciertos tipismos regionales, pero
no rozaron el sólido fundamento tradicional. El temple
Gaucho argentinizó al inmigrante.
Su sentido hospitalario hizo que el desembarcado que optaba
por el interior del país encontrara allí un
modelo de vida, sintiendo como propio ese suelo que se le
ofrecía. Casi todas las etnias del mundo dieron su
sangre para que el Gaucho de nuestros días, en un entrecruzamiento
prolífico, produjera la fisonomía
tan singular que lo distingue.
El
Gaucho tiene sólidos principios. Confía en la
palabra dada y es fiel a la amistad. Nunca es desertor de
su condición. Es austero. Tiene concepto definido entre
superior y subordinado. Cultiva sin alardes el patriotismo.
Es ajeno al sectarismo político. Participa de las creaciones
de la estética en sus artesanías, que aplica
a su platería, en los tejidos, en los trenzados en
cueros y trabajos en "aspa" y hueso. Maneja el idioma
con propiedad y estilo en su lenguaje habitual, en sus relatos
y en sus cuentos de fogón.
Es poeta y músico; autor, intérprete y bailarín.
Respeta a la mujer; es sobrio y firme en el amor. Pero, por
sobre todo, tiene y practica un código de honor y una
conducta de vida a la que no concibe sin Libertad.
Y tiene algo que es propio de los seres de excepción:
un estilo para moverse que implica estética, educación
y respeto. Siente el orgullo de ser quien es.
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