Quiénes somos Federaciones Noticias Buscador Revista LOS GAUCHOS Radio SEÑAL GAUCHA Contáctenos Webmaster
Búsqueda avanzada Agregar a Favoritos Hacer página de inicio  
   Inicio
   Radio Señal Gaucha
   Quiénes somos
   Presencias y Logros
   Federaciones
   El Gaucho
   Regiones Gauchas
   Comidas Típicas
   Humor
   Caballos
   Libros
   Música
   Artesanías
   Gauchadas
   Calendario
   Fotos
   Postales Gauchas
   Glosario
   Agradecimientos
   Correo del Lector
    Contáctenos



 
Argentina, 02 de Febrero del 2005  

Otra vuelta al Martín Fierro 
"Sospecho que no hay otro libro argentino que haya sabido provocar de la crítica un dispendio igual de inutilidades", señalaba Borges en "Discusión" (1932).
Tiempo de lectura: 2' 45" | 18290 lecturas.
  Foto
+ Ampliar imagen

Por Daniel Sagárnaga
En un mundo globalizado, con pautas de comportamiento cada vez más uniformadas y una memoria cercana a lo que podríamos llamar "tiempo-zapping", la discusión promovida por el libro "Martín Fierro" de José Hernández ha quedado en el desván del fin de siglo. Detractores y panegiristas subordinan lo literario a las ideas que expone y a los paradigmas que sugiere: el ser nacional y los mitos fundacionales del país. Más allá de polémicas, se eligió el 10 de noviembre en su homenaje para festejar el "Día de la Tradición".

Apenas editado "El Gaucho Martín Fierro" -en 1872 por Imprentas "La Pampa", de Zoilo Miguens, y como folleto barato-, suscitó el interés de una sociedad que hacía poco se llamaba a sí misma "argentina". El libro pronto se convirtió en suceso. Tras la onceava edición se presenta la segunda parte de las andanzas del gaucho con "La Vuelta de Martín Fierro" (1879).

El autor del primer éxito editorial argentino era un escritor y militante de ascendencia patricia, José Rafael Hernández Pueyrredón. Nacido en el actual partido bonaerense de San Martín, el 10 de noviembre de 1834, en pleno gobierno de Rosas, la vida de Hernández estuvo signada por los conflictos políticos de la época. Debido a las persecuciones que el régimen imponía a las familias de ascendencia unitaria, la madre se separó de él tempranamente.

Hasta los cuatro años vive con su tía Victoria Pueyrredón, a quien llama "Mamá Totó". Pero ella también debe abandonar el país. Lo alberga su abuelo en una finca de Belgrano. Recibirá la única educación académica de su vida en el Liceo San Telmo de Buenos Aires. A los nueve años muere su madre y el padre -un militante federal- lo lleva consigo para que lo acompañe en tareas de campo. Según Ezequiel Martínez Estrada, "el campo y su gente -el padre incluido- son para él una dolorosa experiencia.

Escapa de ellos tan pronto como puede alistándose en las tropas de Pedro Rosas Belgrano, hijo adoptivo de Rosas. Combate contra el coronel Lagos, quien reencarna las ideas rosistas del federalismo, de las costumbres de los gauchos, de una vida que se intentaba cambiar violentamente después de 1852" ("Muerte y transfiguración de Martín Fierro", 1948). Hernández toma el camino de las armas, pero sus campañas militantes dentro de los ejércitos se caracterizan por sucesivas derrotas.

Participa de la batallas de Cepeda y Pavón en el bando de Urquiza. A los 24 años emigra a Paraná junto a otros opositores al gobierno de Alsina. Publica por primera vez una serie de notas en el diario "Nacional Argentino" donde acusa a Sarmiento por el asesinato del caudillo riojano Ángel Vicente "Chacho" Peñaloza. Estas notas integrarían su primer libro "Vida del Chacho"(1863). Eran tiempos duros.

Sarmiento, gobernador de San Juan, le escribe al presidente Mitre: "No economice sangre de gaucho, que es lo único de humano que tienen". En Paraná, sede del gobierno confederacionista, Hernández se casa con Carolina González del Solar. En 1865 se produce la Guerra de la Triple Alianza que desmantela el proceso industrial del Paraguay y significa "la extirpación formal y material del gaucho" mediante la conscripción forzosa del hombre de campo (A. J. Pérez Amuchástegui "Mentalidades argentinas", 1985).

En 1868 el escritor pasa a Corrientes donde edita del diario "El Eco". Con Sarmiento en la presidencia de la Nación (1868-1874), vuelve a Buenos Aires y dirige el periódico opositor "En el Río de la Plata", finalmente clausurado. Hernández participa entonces de la insurgencia de López Jordán. Pero los conspiradores son derrotados y Sarmiento pone precio a la cabeza del poeta gaucho, que huye al Brasil. Después de un año regresa a una Buenos Aires atormentada por la fiebre amarilla.

Sin otra actividad, recluido en el Gran Hotel Argentino, termina el Martín Fierro. Su militancia y la popularidad obtenida por el libro, lo llevan a la vicepresidencia de la legislatura bonaerense. Lo llamaban "El diputado Martín Fierro". En 1880 defiende el proyecto de federalización por el cual Buenos Aires pasa a ser capital del país. En 1881 publica "Instrucciones del Estanciero", considerado el manual de la cultura gaucha, de la llamada "civilización del cuero". Activamente participa en la fundación de la ciudad de La Plata. Justamente "Buenos Aires, Buenos Aires." fueron las últimas palabras que Hernández llegó a decir antes de morir el 21 de octubre de 1886, a los 52 años.

La aventura de un texto

"Sospecho que no hay otro libro argentino que haya sabido provocar de la crítica un dispendio igual de inutilidades", señalaba Borges en "Discusión" (1932). Lo cierto es que la crítica excede lo literario y abunda en juicios, reflexiones, respuestas y polémicas. Miguel Cané, José M. Torres y el mismo Mitre, en las cartas que acompañan las primeras ediciones del Martín Fierro, revelan el criterio de sus contemporáneos.

Cané subraya la incorrección de los versos -que "harían la desesperación de un retórico"- para admirar la belleza de las ideas. Torres le niega el valor de obra de arte y, previsiblemente, Bartolomé Mitre no está conforme con "su filosofía social que deja en el fondo del alma una precipitada amargura sin el correctivo de la solidaridad social". La participación de estos intelectuales de época, parece negar la afirmación en torno al silencio de la clase culta ante la aparición del libro.

Como contrapartida, se cita el pedido de un pulpero a su proveedor, donde junto a cajas de fósforos, cerveza, sardinas, solicita una docena de La Vuelta: por primera vez un libro se convertía en mercancía de interés campesino. Entre los extranjeros Miguel de Unamuno (1894), Ricardo Palma y M. Menéndez y Pelayo lo leyeron y no escatimaron loas sobre el poema.

Es en el Centenario, 1910, cuando la crítica culta nacional "redescubre" el libro, incorporándolo a la problemática acerca de la argentinidad. Globalmente se afirmaban los estados nacionales y el mundo convergía hacia la Primera Guerra Mundial. Se necesitaban paradigmas de pertenencia. En "El payador" (1816), Leopoldo Lugones recoge sus conferencias dictadas en 1913. Su tesis central propone al Martín Fierro como "un poema épico de nuestra raza" e incluye a su protagonista en el "ciclo heroico" de las leyendas.

Entre otras comparaciones, señala semejanzas entre el lenguaje utilizado y las lenguas romances que dieron nacimiento al francés o al español. No impide que Lugones, a su vez imbuido por el espíritu de la época, resalte la superioridad de la raza blanca sobre el mestizo.

Tampoco deja de señalar la similitud del poema argentino con "Los tres gauchos orientales" de Lussich, impreso un año antes y escritos también con "sextinas de payador". Se inician, por otra parte, los procesos de sistematización de la crítica literaria y Ricardo Rojas -creador de la cátedra universitaria de literatura argentina en 1912-, publica su "Historia de la literatura argentina" jerarquizando al Martín Fierro. Con más o menos reticencia, su propuesta es la que prevalecerá.

Con las consecuencias de la inmigración europea, la consolidación de la clase trabajadora y la aparición de un movimiento político de corte nacional como el peronismo, El Martín Fierro es vuelto a consultar. Renovados esfuerzos por desentrañar el "ser nacional" interrogan la obra de Hernández .

Se convierte en el libro elegido por los intelectuales para explicar desde los procesos sicológicos del autor (Martínez Estrada) hasta las propias obsesiones (Borges). Intelectuales peronistas toman al personaje gaucho como símbolo de su propio movimiento (Leopoldo Marechal).

El Estado establece el Día de Tradición la misma fecha del natalicio de Hernández y la lectura del Martín Fierro es recomendada en las escuelas. Posterior a la década del '70, con la masificación de los medios de comunicación, la transformaciones educativas y el nuevo rol del Estado, el Martín Fierro se convierte en un mito borroso que mezcla ideología con cosa del pasado. Sus admiradores crean grupos de lectura, como los cultores de lo gauchesco que se reúnen en "fortines".

Cuando la argentinidad parece un concepto extraviado en un mundo globalizado y una realidad cotidiana conflictiva y economías beligerantes, ¿es tiempo de volver a consultar al Martín Fierro? Sin dudas el texto y sus personajes no han terminado de vivir su aventura.

Cómo está escrito

El Martín Fierro puede definirse como un poema extenso, dividido en cantos. La estrofa utilizada para su construcción es exclusivamente "hernandiana". Se trata de una sextina (estrofa de seis versos de arte menor) que no es la tradicional. Los versos son octosílabos, métrica que refuerza su carácter popular.

La originalidad en la forma, se relaciona con las posibilidades que ofrece para reproducir el habla gaucha, con su falta de enlaces lógicos, su desconocimiento de las reglas gramaticales y otros rasgos a los que el mismo Hernández se refiere en sus prólogos. La forma del poema es el contenido mismo. Permite que se cante "en la guitarra, como solía cantarla a media voz Ricardo Güiraldes", recuerda Borges. El canto es esencial en el Martín Fierro y su primer verso los propone asÍ: "Aquí me pongo a cantar/ al compás de la vigüela". Lo sugiere Noé Jitrik en "El fuego de la especie" (1971).

Cosas de gauderios

En los prefacios, Hernández expone los objetivos de su obra: "Me he esforzado en presentar un tipo que personifique el carácter de nuestros gauchos que, al paso que van las conquistas de la civilización, van perdiéndose casi para siempre".

Concolocorvo en "Lazarillo de ciegos y caminantes" (1773) habla de los "gauderios. Mala camisa y peor vestido. Se pasean a su albedrío por toda la campaña y con notable complacencia de aquellos semibárbaros colonos, comen a su costa y pasan semanas tendido sobre el cuero, cantando y tocando". Para Sarmiento, es un hombre "divorciado de la sociedad, proscrito por las leyes, salvaje de color blanco" ("Facundo"). En sus Diarios,

Charles Darwin señala que los gauchos se distinguen por su "cortesía obsequiosa", pero reconoce que se "derrama mucha sangre", lo que atribuye a "la costumbre de usar cuchillo". Señala H. Giberti (1964) que con la formación de las grandes estancias, se lo persigue por vagabundo, cuando se tienden los alambrados debe "conchabarse definitivamente en las estancias". Como había hecho con su propia biografía de Chacho Peñaloza, Hernández escribe el Martín Fierro como la contracara de "Facundo" y el proyecto "civilizador" de Sarmiento.

De qué trata

Los dos libros sobre el gaucho Martín Fierro son conocidos como "La Ida" y "La Vuelta". A lo largo de los trece cantos que contiene La Ida, Fierro evoca la vida feliz de los habitantes del campo y su ambiente familiar, hasta el reclutamiento forzoso hacia la frontera. Narra los avatares de su vida de fortín y la guerra al indio. A los tres años es un huye y al regresar encuentra su rancho destruido. Entonces decide ser "gaucho matrero". Mata un moreno y a otro gaucho.

La justicia lo persigue. Cuando enfrenta una partida un soldado, Cruz, lo defiende. En el canto X, es el soldado quien narra su vida. En el último canto Fierro vuelve al relato y con Cruz huyen de la civilización hacia el desierto, la tierra de los indios, el Enemigo.

La Vuelta se publicó cuando Hernández ya era diputado. En el prólogo propone integrar al gaucho en la vida institucional de la nación. En treinta y tres cantos, narra el sufrimiento de Cruz y Fierro entre los indios, el encuentro de Fierro con la cautiva, su regreso a la civilización, el encuentro con sus hijos y el de Cruz, la aparición de El Viejo Vizcacha, el encuentro con el hermano del moreno, la separación definitiva de los cuatro personajes.

Por su estructura Borges lo considera una novela -en "el siglo de las novelas" por antonomasia- escrita en versos.


Volver
   Imprimir esta nota Enviar esta nota por email a un amigo


Señal Gaucha - Radio por Internet
  COLABORADORES
  RIFA MILLONARIA
  Libros - Novedades

Presente de Gauchos en Provincia de Buenos Aires
por María Cecilia Pisarello
155 páginas

  Música - Novedades


"LOS ARRIEROS DE SALTA"
Los Arrieros de Salta (Un Canto a Nuestra Tierra)

  Email: correo@confederaciongaucha.com.ar | Contáctenos | Estadísticas Ir Arriba 
 © Copyright 2003-2017 Alejandro Salvatierra  
Optimizado para una resolución de 800x600 píxels utilizando Internet Explorer 5.x y versiones posteriores.
Sitio diseñado por Alejandro Salvatierra
Golem Solutions
Inicio | Noticias | Federaciones | Suscripción | Webmaster | Contáctenos