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Argentina, 16 de Agosto del 2011  

"MANUAL Y TECNICAS DE HERRAJE DE JOHN HICKMAN" 
La herradura y los clavos de herradura. Parte Nº10
Tiempo de lectura: 10´ | 2003 lecturas.
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Claveras

El tamaño y la forma del orificio de cada clavo deben corresponderse exactamente con la cabeza y el cuello del clavo (si bien con un calibre ligeramente menor) para que la cabeza sobresalga ligeramente al introducir el clavo.

Si la clavera es demasiado pequeña, su cabeza sobresaldrá demasiado y se desgastara, dejando una porción demasiada escaza del clavo para fijar la herradura (fig. 3.25a). Si la clavera es demasiado grande, se produce holgura, dada la dificultad para introducir y remachar el clavo (fig. 3.25b).

A veces mediante un ligero ensanchado de la clavera en la cara superior de la herradura, el cuello de la clavera resulta ligeramente mayor que el cuello del clavo. De este modo, puede variarse la angulacion del clavo al introducirlo. Aparentemente, esta posibilidad constituye una ventaja, pero se produce cierta movilidad por debajo de la cabeza del clavo, que resulta en un aflojamiento de la herradura antes de haberse gastado (fig. 3.26a). Por otra parte, puede pensarse que si el cuello de la clavera es más bien pequeño fijara con seguridad la herradura al introducirse el clavo. Sin embargo, sucede lo contrario, dado que la herradura erosiona o pellizca el cuello del clavo, que acaba rompiéndose (fig. 3.26b).

Las claveras de las herraduras ranuradas soportan la cabeza del clavo en dos lados. Sin embargo, en las herraduras planas simples la cabeza la cabeza se soporta en sus cuatro lados y, si el ajuste es correcto, resulta imposible mover el clavo.

La posición y angulación de la clavera determinan el recorrido que seguirá el clavo al atravesar el casco. Las claveras que se sitúan próximas al borde externo de la herradura se denominan finas y las alejadas del borde externo de la herradura se denominan carniceras (fig. 3.27ab). Los clavos que se introducen a través de claveras finas pueden romper el casco y deben penetrar suficientemente adentro para permitir una sujeción satisfactoria. Por otra parte, los clavos que se introducen a través de las claveras carniceras penetran próximos a la estructura sensible de la piel y pueden provocar un clavo arrimado. Cuando una herradura se ajusta próxima es necesario que las claveras sean finas.

Por otra parte, dicho orificios abran de ser carniceros cuando la herradura se ajusta ancha. Se denomina inclinación a la angulación de la clavera. Las claveras de las lumbres se angulan para adaptarse a la inclinación del a tapa mientras que las claveras de los callos son mas verticales (fig. 3.28 a-c). Las claveras demasiado verticales o inclinadas hacia afuera (fig. 3.28d) no resultan satisfactorias, dado que la sujeción del clavo será muy escasa.

La separación entre las claveras debe ser uniforme y debe oscilar entre 2 y 3 cm. las claveras deben destruirse sobre la mitad delantera de la herraduras delanteras y en los dos tercios delanteros de las herraduras traseras.

En la práctica, la posición de las claveras dependerá del estado del casco al que se fijara la herradura y puede desviarse del patrón habitual si existen defectos del casco.

El número de las claveras es habitualmente de siete. Las herraduras delanteras con siete claveras presentan tres en la rama interna y cuatro en la externa. Cada una de las ramas se realiza tres claveras delante de una línea transversal imaginaria que dividiese la herradura en dos partes iguales. La clavera del clavo del callo de la rama externa se sitúa inmediatamente por detrás de esta línea y, por tanto, las cuatro claveras de la rama externa están más próximas entre sí que las tres claveras de la rama interna (fig. 3.1).

Es habitual realizar cinco claveras en las herraduras pequeñas, seis o siete en las herraduras de tamaño mediano y siete u ocho en las herraduras para caballos pesados de tiro y en las herraduras de carreras. Resulta aconsejable realizar mayor número de claveras de las que vallan a utilizarse para disponer de varias posibilidades a la hora de ubicar los clavos. En la mayoría de los casos, el herrador podrá introducir un número suficiente de clavos para fijar la herradura, evitando, al mismo tiempo, las partes más débiles de la tapa. Cuanto mejor sea la ubicación de los clavos, será necesario introducir menor número de ellos y, por consiguiente, menor será la lesión del casco.


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