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Argentina, 11 de Febrero del 2014  

"Las jineteadas serán por siempre la gran fiesta gaucha" 
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Nuestro integrante de prensa de Confederación Gaucha Argentina Mariano Wullich, nos hace conocer la diferencia entre “Jineteada” y “ Domada”, que es el espectáculo mas popular en toda la Argentina gaucha, y con precisión y experiencia vuelca en un impecable articulo la doctrina tradicional que viene predicando nuestra institución desde su fundación.

Tras el reciente festival de Doma y Folclore de Jesús María, otra vez se oyeron voces que poco comprenden las cosas nuestras.

En el palo espera el pingo y el hombre se va arrimando mientras el capataz de campo, muy serio, los va esperando. Sombrero con retranca y botas de potro pa´uno; encimera y par de bastos, ya tiene ensillado el otro. La campana, un tañido, la lonja que ya se suelta y el “¡Larguenlón!” que se olle tras el trago de ginebra. El animal se abalanza, el jinete que resiste y un murmullo apabullante que se convierte en un grito. Cincha uno para uno, cincha otro para el otro: la fiesta ya esta completa, miles de palmas golpean, los mas criollos se apean sobre el hilo del alambre y solo falta la carne, cimarron, vino y salmuera.

Esto es solo un breve trazo de un desparejo pincel de lo que sucede cada fin de semana en las fiestas mas grandes de la Patria o, como dicen, una “Domada”, y que de doma no tiene nada, porque el que sabe le llama Jineteada. Explicar este deporte u actividad a un no iniciado llevaría mas tiempo que un almanaque. De todos modos les pido un resuello, que ajusten la cincha de la garganta y que traten de comprender lo que para el gaucho, único arquetipo del ser nacional, significa este entrevero que algunos tratan de vapulear.

Jinetear un potro vine de la época en que el caballo llego a la Argentina en el barco de don Pedro de Mendoza. La Patria se hizo a caballo y para ello dejo en sus ratos libres el amor del criollo por este y todos los divertimientos camperos: llámese yerra; pialada, taba, bochas, barajas, sortija, alguna boleada, el soplido de un calibre del 12 y otras cosas de esta tierra. Pero, por estos días se han vuelto a escuchar voces (y una denuncia desestimada) ante la televisación del festival de Doma y Folclore de Jesús María.

Sepan que de estos espectáculos participa toda la familia cada fin de semana en distintos rincones de la Patria. Que el inolvidable el Zorro, el caballo de la historia, llego a reunir a mas de 30000 personas en Tres Arroyos. Que, además, la fiesta gaucha viene acompañada del paso de centros tradicionalistas, de aperos y pilchas criollas, de entreveros de tropillas, de chicos con sus petizos y de muchas buenas mozas que todavía se animan a un vestido de percal floreado y un par de trenzas: lujos del gauchaje…

El trabajo del caballo

Solo vamos a contar que un caballo de jineteadas (en general cruza de criollo con pecheron), pesa unos 650 kilos, que se lo entrena sin montarlo, pues subirlo seria imposible, y que la única manera de ejercitarlo es hacerlo correr en la tierra arada (si la hay) detrás de la yegua madrina. Que esta a campo toda la semana y que “trabaja” entre ocho o doce segundos y no todos los domingos. Es decir, con mala suerte, puede moverse un minuto por mes como máximo y, si es realmente bravo, los jinetes no ni se animan a pegarle o clavarle las espuelas: nazarenas con rondanas móviles y puntas mochas.

Como todos los caballos, provienen de los ungulados, una suerte de tapir con pezuñas y dedos, puesto que el hombre, como a los perros, los fue cruzando y dándole razas para tal o cual actividad: tiro, velocidad, resistencia, tipos deportivos, de trabajo y hasta para el “tacho” (así le decimos así a los caballos que van al frigorífico como los famosos percherones en Francia). El único equino que sobrevive en su estado natural en el mundo es el caballo de la Mongolia.

Si se los quiere comparar con caballos que practican otras actividades, podríamos comenzar con el polo, deporte que en nuestro país, se destaca ampliamente por sobre el resto del mundo. El caballo de polo, hoy casi sangre pura de carrera (SPC), es trabajado toda la semana por mel petisero y cuando llega el match, los buenos suelen ser jugados 16 minutos sin alargue, con la fusta y los espolines de los jinetes, los tacazos, pechazos (inexistentes en otros deportes campestres salvo el pato) y bochazos. Además salen ala cancha acollarados de todos lados: pretal, lanzador, freno, cuatro riendas y bajador (la falta de control antidoping es aparte). Cuando se rompen los sacrifican a tras de los palenques.

El SPC tiene otro trato, pero si no es muy bueno en los últimos 300 metros puede sentir el rigor de casi 30 “guascazos” (latigazos). Además, si supieran hablar, y uno preguntar, nos contarían que no tienen muchas ganas de varear, mas bien quedarse en el box o volver al campo a retozar. Cuando se rompen se los lleva en un furgón ambulancia para ser sacrificados.

En equitación se los trabaja casi todos los días, para, el que llega a un Derby, pasar unos 25 obstáculos con un jinete de mas de 75 kilos arriba. Faltan los de pecho, los caballos de trabajo, los de los rodeos norteamericanos, los de alta escuela (Viena o Domecq) y aquellos “tiocos” (grandotes) que después de tanto tiro en la campiña europea van derecho al matadero.

Caballo que no galopa va derecho al pisadero, canta Horacio Guarani. Otro poeta dijo: los vi en la calle del hilo / pastoreando pa´engordarlos./ Después vienen a llevarlos pál desguelle, pobrecitos,/ cada matungo es un grito que la Patria da al llorarlos.

El zorro de las jineteadas esta enterrado en Cascallares o Bellaqueando en Trapalanda (el cielo de los caballos): “¡Larguenlón!”.

Fuente: La Nación / Campo / Rincón Gaucho / Mariano Wullich


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