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Argentina, 02 de Julio del 2007  

Goyo Caballero. Semblanza de un personaje 
Tiempo de lectura: 2' 15" | 3364 lecturas.
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Es dif√≠cil cuadrar una nota para Juan Gregorio Caballero Guevara, mucho menos si se tratara de una necrol√≥gica de estilo. Decimos de una nota destinada a un hombre, conocido por los de su tiempo como Goyo, y para medio San Juan como Don Goyo. Porque, a pesar de la simpat√≠a natural que despertaba, no cabe aqu√≠ una necrol√≥gica destinada al que ha sido sino otro tipo de recordaci√≥n para el que nos dej√≥ y sigue. En efecto, Goyo ha sido uno de esos personajes √ļnicos, raros, en el recto sentido del t√©rmino, o sea, que no se encuentra todos los d√≠as o a cada rato; fue un sujeto especial, memorioso original, relator natural de los hechos de su vida y de la tradici√≥n que le trascendiera. Un hombre que, sin prop√≥sito de ostentaci√≥n o coqueter√≠a, comunicaba al interlocutor la frescura de una excelente p√°gina de historia, o la florida an√©cdota de alg√ļn protagonista que merced a un buen relato se transformaba en argumento o ejemplo en esta comedia de los hombres.

Goyo se cuenta entre los hombres, a la vez pintoresco como particular, de modo que ha sido muy dif√≠cil olvidar su figura para quien lo conociera de siempre o de paso, y a su vez, rotundamente querido para quienes probaron el alm√≠bar de sus gestos, el gracejo de su espa√Īol cl√°sico y popular, entendido por todos y ajustado al delicado razonar de la mente.

Goyo Caballero no ha sido ni militar de alto rango, ni Gobernador ni Director de Escuelas ni otro puesto relevante, sino un humilde Encargado de Dep√≥sito de Vialidad de la Provincia de San Juan. En el fondo, un cancerbero de los bienes de una Instituci√≥n oficial, hoy un cargo de bicoca, para √©l de m√°xima responsabilidad, algo as√≠ como el de Tesorero de las Rentas de la Naci√≥n. ¬°Qu√© lejos estamos de aquel concepto de Patria, tan severo y exigente, aunque fuese en lo m√°s peque√Īo de la Rep√ļblica! Cargo que al fin representaba exactamente lo mismo con lo que √©l representara para la historia de su familia, de su pueblo, de su pedazo de pa√≠s: ser el custodio y trasmisor de las costumbres por √©l vividas y con √©l heredadas. Este personaje tan sencillo fue un hombre criado en hogares de conducta antigua, alimentado a la antigua, con la salud y par√°metros antiguos, de los que llegan a viejos sabios y plenos de risa, o sea, de los hombres que saben vivir, olvidar las injurias y soportar los dolores con estoicismo, sin quejarse ni al aire ni a la almohada.

Goyo Caballero hered√≥ mucho de las modalidades corteses coladas desde la Colonia, muy hispano y muy criollo, servicial hasta donde pudo, hidalgo en sus maneras, gentil y respetuoso con las mujeres, pero por sobre todo, due√Īo y se√Īor de la palabra, del fraseo metaf√≥rico y de la oraci√≥n alusiva. En eso fue un maestro. Un conversador neto. De manera que cuando uno le tomaba el viento a su picaresca manera de describir, al jugo suave del relato afirmando o negando, autom√°ticamente se transformaba en alumno de su experiencia, concluyendo el encuentro con alegr√≠a, con un contento lleno de risa, aunque reconociendo que era imposible imitar sus giros y sus orquestaciones verbales.

Nuestro personaje naci√≥ en Angualasto, pero ninguno de nosotros se atrever√≠a a afirmar en qu√© d√≠a y en qu√© a√Īo. Nada extra√Īo ni anormal para aquellas √©pocas y para una Argentina que ensayaba el rigor civilista franc√©s de los C√≥digos de 1884. Lo importante era ser anotado por la civila en sus librotes oficiales, entrar al listado de los ciudadanos que despu√©s ser√≠an ¬ďclase¬Ē para el servicio militar obligatorio¬Ö De manera que hasta en esto Goyo nos resulta un tipo pintoresco porque los viejos-viejos de Iglesia, bas√°ndose en cruces de edades y nacimientos de hermanos y parientes, testimonian que hubo nacido en 1913, no despu√©s (as√≠ el buen El√≠as Carbajal, Carlos Hugo Marinero y Vivente Eulogio Marinero, sus amigos y parientes), afirman que era de ¬ďuna edad¬Ē con Vicente Eulogio Marinero que era clase 13¬í; pero en contra de esa creencia, la Partida de Nacimiento sostiene que naci√≥ un 7 de junio de 1914, algunos meses despu√©s. Como testimonio reciente, seg√ļn su DNI, hubo llegado al mundo un 5 de diciembre de 1915. Lo cierto es que el propio Goyo se homenajeaba junto a los suyos, religiosamente, el d√≠a del periodista.

Es verdad, en aquellos a√Īos, y hasta hoy mismo, los ni√Īos iglesianos se asientan en Rodeo, centro c√≠vico (√©l hab√≠a nacido en Angualasto). ¬°Vaya uno a saber qu√© pasar√≠a con el retraso, si no habr√≠a habido alguien de confianza que se allegara hasta la civila, o¬Ö Porque en Iglesia hay muchos casos de picard√≠as y notables errores inducidos a la civila! No era cuesti√≥n de darle el encargo a cualquiera para que el error aparezca con el enrole. Siendo que en esos a√Īos en Iglesia se viv√≠a un per√≠odo floreciente, con abundante venta de ganado a Chile, con explotaciones mineras funcionando, y adem√°s, con una vecina J√°chal, econ√≥micamente fuerte, con aduana y producci√≥n ganadera y harinera. Tal vez por esto mismo, y pese a haber nacido en un pueblo legendario, nadie lo recuerda caminando en alpargatas, hasta su muerte. Goyo era elegante y pituc√≥n, de pa√Īuelo al cuello con anillo de plata, siempre de zapatos, y si andaba por las ciudades, J√°chal, San Juan u otras, no solo zapatos sino elegantes, finos y lustrad√≠simos. Nadie lo recuerda con camperas feas o rotosas: al contrario, siempre con mantas de guanaco o su cl√°sica de vicu√Īa, de esas que ya no se ven o hay pocas. Respetuoso con jefes y amigos, a ninguno le dej√≥ pasar la m√°s leve brisa de sospecha sobre su conducta desinteresada, porque no le granjeaban los pesos y s√≠ el honor de la familia. Frente a sus superiores tampoco permit√≠a que nadie propasase ni lengua ni conducta. Cada cual en su lugar.

Testimonian su alegre juventud hechos y an√©cdotas graciosas. Tuvo a su cargo la administraci√≥n de la Estancia de la Buena Esperanza, Angualasto, que supo hacer su abuelo Juan Gregorio (Don Goyo Viejo). Y le puso ese nombre porque era el nombre del Colegio de curas de Santiago de Chile donde supo estudiar apadrinado por Don Lorenzo Navarro.- Esto fue alla por 1935, hasta la venta en bloque a favor de don Jos√© Mar√≠aVarela en 1946. Algo despu√©s integr√≥ el cuerpo directivo del Camino a Chile por Agua Negra, a cargo de la Proveedur√≠a General estructurada como base de sustento para las cuadrillas que de once, se incrementaron a veinte y pico, con un n√ļmero de obreros que superaba largamente el millar de almas. Goyo fue un celoso custodio de alimentos y cuentas personales, desde1948 hasta la inauguraci√≥n en 1965 en que dej√≥ de tener sentido la concentraci√≥n de los v√≠veres en una Proveedur√≠a para pocos trabajadores.

Nuestro hombre fue testigo puntual de cada uno de aquellos momentos, muy importantes para el Departamento de Iglesia. Despu√©s de la inauguraci√≥n, recordaba el cruce de la Cordillera durante la noche , en los √≥mnibus de la Empresa TAN de Evaristo Al√©, unos Ford chicos de 30 pasajeros, pintados de blanco y rojo, que sal√≠an de Las Flores a las 20 horas y llegaban a Coquimbo a desayunar sin ning√ļn apunado. Seg√ļn Goyo se repet√≠an las modalidades de los viejos arrieros de ganado que traspon√≠an lo peor de la cima andina de noche, a la luz de la luna, para evitar el apremio de la puna y la deshidrataci√≥n del mediod√≠a.

Don Goyo recordaba al dedillo la inauguraci√≥n del tramo de la Ruta 40 Matagusanos a Talacasto, que hoy sorteamos a toda velocidad, protestando por algunos badenes, pero que hasta entonces se cruzaba por un sinf√≠n de lomos de burro y pinchaduras. Del mismo modo en su bagaje contaba la construcci√≥n e inauguraci√≥n del entonces importante camino a Mogna por el Alto Villicum, hoy v√≠a y abandonada e in√ļtil.

Despu√©s de 1952, Goyo baj√≥ a San Juan para radicar aqu√≠ su familia, para que estudien sus hijos, y √©l contin√ļo sirviendo a la Direcci√≥n Provincial de Vialidad, volviendo a las casas cada 20 o 30 dias. Desde entonces promovi√≥ con sus parientes y amigos la creaci√≥n del Centro de Residentes Iglesianos en San Juan, idea originaria de su primo Martin Quiroga Caballero. Fue su primer Presidente cuando la inauguraci√≥n oficial en el Club San Mart√≠n, dejando el discurso de presentaci√≥n a su primo Mart√≠n, m√°s h√°bil para p√ļblicos grandes o heterog√©neos. Goyo se reservaba el contagio de la palabra en rueda de amigos, en fogones, o en la transmisi√≥n personal, mir√°ndose a los ojos.

No le faltaron desdichas destructoras que a √©l no lo derrumbaron. En 1977 debi√≥ sepultar a Ricardo, el menor de sus hijos, Geologo flamante, asesinado alevosamente en la Plaza Irigoyen, por un mal policia, sin ning√ļn motivo, hecho que conmovi√≥ a nuestra comunidad provinciana y la Am√©rica toda, pues para encubrir el asesinato, la mala policia local frag√ļo una causa pretendiendo tapar todo bajo pretexto que hab√≠a ¬ďsubverci√≥n¬Ē, y que el muerto era uno de ¬ďellos¬Ē.- La mentira no prosper√≥, cuando confes√≥ el autor arrepentido y entreg√≥ a los instigadores de la despreciable maniobra.- La prensa americana toda habl√≥ del caso ¬ďCaballero¬Ē.- Goyo incrust√≥ su dolor transform√°ndolo en ense√Īanzas al pr√≥ximo, todos fuimos testigos de su grandeza.

Lo cierto es que, ajustando al m√°ximo nuestras vivencias y recuerdos, podemos justificar esta semblanza por las notas de val√≠a del personaje. As√≠, pese a haber sido un hombre viajero - iglesiano al fin, hombre andariego-, lleno de contactos y relaciones en todos los niveles, mantuvo intacta su estructura de hombre folk y testimonio, casi incontaminado como para representar lo que los estudiosos del folklore y la historia tanto necesitan y requieren. Un cronista aut√©ntico, a veces, ingenuo, a veces sugestivo, de la tradici√≥n oral, an√≥nima, colectiva, y por eso mismo, muy atractivo. Donde se sentara en los encuentros de la Federaci√≥n Gaucha Sanjuanina, de inmediato se formaba a su alrededor un peque√Īo grupo para escucharlo, rebosante de j√≥venes o viejos, indistintamente, solo para o√≠rlo conversar, terciar o corregir fechas y parentescos. Suponemos el entusiasmo del Comodoro ¬ģ Juan Jos√© G√ľiraldes comparando a este viejo criollo iglesiano, lleno de relatos, de expresiones t√≠picas, o √ļnicas y exactas, con la figura de Don Segundo Sombra de su t√≠o Ricardo, viendo a este sanjuanino tierra adentro, elegante pero paisano hasta el tu√©tano, midi√©ndolo con el arriero pampeano, tan semejante en el fondo, pero tan diferente en las formas, desde el uso de las alpargatas y la bombacha hasta en el estilo de vida y enfoque de la existencia.

Así pues es la Argentina, tan ancha y abundante que puede albergar personajes de este tipo, culturalmente semejantes, o parecidos, alimentados por contextos diferentes, a la sombra de una misma historia, suelo y tradición.

Y ahora te me vas, Goyo, cuando esperaba pasar este glaciar del c√°ncer, jubilarme y volver a aquella ma√Īana de primavera en la Plaza, a seguir con tus glosas las trazas de Pascual Caballero, a espiar la vida de don Rosas, a las an√©cdotas del viejo Jer√≥nimo y a don Lorenzo Navarro, el chileno que nos ha precedido. En este momento he quedado alelado, mudo de pena con solo estas coplas.

Tom√° este ramo de rosas,
Goyo querido,
Llevalas al desparramo
Al Paraíso.

Entrega la rosa china
A tu Tersila,
Otras para tu padre
Al fin don Rosas.
No olvidés tu familia,
Haydée y Ricardo,
Para ellos también las rosas
Y algunos nardos.
No te olvidés de los tuyos,
Los de Angualasto,
Si ves a Martín Quiroga
Rían un rato.
Salgan por esos campos
Con todos ellos,
Lindor, Pascuala y Alfredo,
Ramón y Dora.
A la huella a la huella,
Se van quedando,
Algunos en Angualasto,
Otro en Achango.
Dios te tenga en la Gloria,
Goyo querido,
porque la de Andacollo
te ha bendecido.
A la huella a la huella
Traigan los potros,
El moro para don Goyo,
Adolfo en otro.

Dr. Cesar Eduardo Quiroga Salcedo
Académico correspondiente de la Academia de Letras.
Dr. en Filolog√≠a Espa√Īola.
Email: quiro-poros@infovia.com.ar


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