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Argentina, 14 de Marzo del 2011  

Malvinas: "La silenciada proeza del cabo Baruzzo" 
Tiempo de lectura: 10¬ī | 2013 lecturas.
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De todos los suboficiales de Ejército que estuvieron en Malvinas, solo dos recibieron la máxima distinción a que puede aspirar un hombre de armas argentino: la Cruz al Heroico Valor en Combate.

Uno fue el Sargento primero Mateo Sbert, muerto en el combate de Top Malo House.

El jefe de su secci√≥n, Capit√°n Jos√© Vercesi, se ha encargado de que su historia se haya publicado en la revista ¬ďSoldados¬Ē y en general tuviera cierta divulgaci√≥n. (Aunque, claro, muy por debajo de la que amerita a nivel nacional).

El otro, sigue siendo un perfecto desconocido, a√ļn para muchos estudiosos del tema Malvinas.

Si uno quiere averiguar por qué le fue conferido tan alto galardón, no se va a enterar ni googleándolo.

Se trata del cabo Roberto Baruzzo del Regimiento 12 de Infantería de Mercedes. Y vaya si su historia, de ribetes cinematográficos, vale la pena ser contada!

Tuve el honor de conocer a Baruzzo, oriundo del pueblo de Riachuelo, Corrientes, en el 2009, cuando el Centro de Ex-Combatientes de esa provincia me invitó a dar allí una charla.

Descubr√≠ en √©l a un hombre de rostro ani√Īado, sin √≠nfula alguna, de perfil muy bajo, puro y transparente hasta rayar en la ingenuidad.

Su unidad había sido ubicada primero en el Monte Kent, para después ser enviada a Darwin.

Pero una sección compuesta mayormente de personal de cuadros, con Baruzzo incluido, se quedó en la zona, al mando del teniente primero Gorriti.

En los días previos al ataque contra Monte London, los bombardeos ingleses sobre esa área se habían intensificado. El mismo Baruzzo fue herido en la mano por una esquirla.

En una de las noches, el cabo oy√≥ gritos desgarradores. A pesar del ca√Īoneo, sali√≥ de su pozo de zorro y encontr√≥ a un soldado con la pierna destrozada por el fuego naval enemigo.

Sin titubear, dejó su fusil y cargó al herido hasta el puesto de enfermería, tratando de evitar que se desangrara.

Lo peor a√ļn estaba por venir.

En la noche del 10 al 11 de junio, estuve observando desde Puerto Argentino el espectáculo fantasmagórico que ofrecía la ofensiva británica.

En medio de un estruendo ensordecedor, los montes aleda√Īos eran cruzados por una mir√≠ada de proyectiles trazantes e intermitentemente iluminados por bengalas.

Se me estremecía el alma de imaginar que allí, en esos momentos, estaban matando y muriendo muchos bravos soldados argentinos.

Allí, en medio del fragor, la sección de Baruzzo ya se había replegado hacia el Monte Harriet, sobre el cual los ingleses estaban realizando una acción envolvente.

Varios grupos de soldados del 12 y del Regimiento 4 quedaron aislados. El teniente primero Jorge Echeverr√≠a, un oficial de Inteligencia de esta √ļltima unidad, los agrupa y encabeza la resistencia, Baruzzo se suma a ellos y ve a al oficial parapetado detr√°s de una roca, disparando su FAL.

Baruzzo despoja a uno de los ca√≠dos brit√°nicos de su visor nocturno. ¬ďAhora la diferencia en recursos ya no ser√° tan despareja¬Ē, piensa.

Con el visor va ubicando las cabezas de los ingleses que asoman detrás de las rocas, y tanto Baruzzo, como su jefe afinan la puntería.

Los soldados de Su Majestad, por su parte, los rocían de plomo e insultos.

Las trazantes pegan a centímetros del cuerpo del oficial, hasta que finalmente éste es herido en la pierna y cae en un claro, ya fuera de la protección de la roca.

Cuando Baruzzo se le quiere acercar, un inglés surge de la oscuridad y le tira al cabo.

Yerra el primer disparo, aunque la bala pega muy cerca, pero antes de que pueda efectuar el segundo, Echeverría, disparando desde el suelo, lo abate.

Otro inglés le tira a Echeverría, pero Baruzzo lo mata de un certero disparo. Cerca de ellos, el conscripto Gorosito pelea como un león.

Los adversarios están a apenas siete u ocho metros uno del otro y sólo pueden verse las siluetas en los breves momentos en que alguna bengala ilumina la zona.

Echeverría está sangrando profusamente: tiene tres balazos en la pierna.

El joven cabo ¬Ė de apenas 22 a√Īos ¬Ė con el cord√≥n de la chaquetilla del oficial, le hace un torniquete en el muslo.

La pierna de Echeverr√≠a parece te√Īida de negro y tambi√©n luce negra la nieve a su alrededor. El teniente primero dice empero que no siente nada, solo fr√≠o. Baruzzo trata de moverlo.

Echeverría se levanta y empiezan a caminar juntos por un desfiladero, mientras a su alrededor siguen impactando las trazantes.

De repente, de atr√°s de un pe√Īasco, entre la neblina y las bengalas, surge la silueta de un ingl√©s, quien dispara, y le da de lleno a Echeverr√≠a. Baruzzo contesta el fuego y el atacante se desploma muerto.

Esta vez Echeverría había sido herido en el hombro y el brazo: una sola bala le causo dos orificios de entrada y dos de salida.

El teniente primero cae boca abajo y Baruzzo ve que le est√° brotando sangre por el cuello. ¬ďSe me est√° desangrando!¬Ē, se desespera el cabo.

A√ļn hoy, el suboficial no puede hablar de su jefe sin emocionarse:

¬ď√Čl es uno de mis m√°s grandes orgullos. Un hombre de un coraje impresionante. All√≠, con cinco heridas de bala, estaba √≠ntegro, ten√≠a una tranquilidad incre√≠ble, una gran paz. Con total naturalidad, me orden√≥ que yo me retirara, que lo dejara morir all√≠, que salvara mi vida. Me ech√© a llorar. Como iba a hacer eso? Yo no soy de abandonar a nadie! Y encima a este hombre, que era mi ejemplo de valent√≠a!

Ten√≠a conmigo intacta la petaquita de whisky que la superioridad nos hab√≠a dado junto a un cigarrillo; es que yo no bebo ni fumo. Y le di de tomar. ¬ďEso s√≠ que est√° bueno, me coment√≥.

En cierto momento, no me hablaba m√°s, hab√≠a perdido el conocimiento. La forma en que sangraba, era una guarangada. Lo cubr√≠, lo agarr√© de la chaquetilla y empec√© a arrastrarlo¬Ē.

S√ļbitamente, Baruzzo se vio rodeado por una secci√≥n de Royal Marines del Batall√≥n 42.

Sin amilanarse, desenvain√≥ su cuchillo de combate, pero uno de los ingleses con el ca√Īo de su fusil le peg√≥ un ligero golpe en la mano, como se√Īal√°ndole que ya todo hab√≠a terminado.

Baruzzo, cubierto de pies a cabeza con la sangre de Echeverr√≠a, dej√≥ caer el arma, Y el mismo soldado enemigo lo abraz√≥ con fuerza, fraternalmente. ¬ďEran unos se√Īores¬Ē, me comentaba el cabo.

Al amanecer, al ver que no ten√≠a heridas graves, sus captores le ordenaron que, con otros argentinos, se dedicara a recoger heridos y muertos. ¬ďYo personalmente junt√© 5 √≥ 6 cad√°veres enemigos¬Ē, me cuenta Baruzzo. ¬ďPero en internet los ingleses dicen que en ese combate s√≥lo tuvieron una baja!¬Ē

Echeverr√≠a fue helitransportado por los brit√°nicos al buque hospital ¬ďUganda¬Ē, sobrevivi√≥, recibi√≥ del Ej√©rcito Argentino la medalla al Valor en Combate y hoy vive con su mujer y dos hijas en Tucum√°n (la menor ten√≠a dos a√Īitos en el 82).

Baruzzo también tiene dos hijas, a las que bautizó Malvina Soledad y Mariana Noemí, y vive en su Corrientes natal.

En su pago chico ha tenido un par de halagos que merec√≠a: hay una calle con su nombre y hasta le fue erigido un busto en vida. Pero a√ļn as√≠, nadie repara en su existencia, ni conoce su proeza.

Poco despu√©s de la guerra, el 15 de noviembre del 82, Baruzzo recibi√≥ una carta del teniente primero, donde √©ste le agradece su ¬ďresoluci√≥n generosa y desinteresada, su sentido del deber hasta el final, cuando otros pensaron en su seguridad personal.

Toda esa valent√≠a de los ¬ďchangos¬Ē, son suficiente motivo para encontrar a Dios y agradecerle esos √ļltimos momentos. Pero, as√≠ √Čl lo decidi√≥, guard√°ndome esta vida que Usted supo alentar con sus auxilios¬Ē.

El oficial le cuenta que lo ha propuesto para la m√°xima condecoraci√≥n al valor y le manifiesta su ¬ďalegr√≠a de haber encontrado un joven suboficial que defini√≥ el car√°cter y el temple de aquellos que forman Nuestro Glorioso Ejercito, y de los cuales tanto necesitamos¬Ē.

Personalmente, Baruzzo volvi√≥ a encontrarse con Echeverr√≠a reci√©n 24 a√Īos despu√©s de aquella terrible noche.

Ambos lloraron, el oficial le mostr√≥ sus heridas, dijo que el cabo hab√≠a sido su √°ngel de la guardia, y le regal√≥ una plaquetita, con la inscripci√≥n: ¬ďEstos √ļltimos 24 a√Īos de mi vida testimonian tu valent√≠a¬Ē.

También le contó que en el buque-hospital los médicos británicos dejaron que le siguiera manando sangre un buen rato, para que así se lavara el fósforo de las balas trazantes.

¬ďYou have very good soldiers¬Ē (¬ďUsted tiene muy buenos soldados¬Ē), le espetaron los militares ingleses al ensangrentado teniente primero.

Un reconocimiento que la sociedad argentina, en pleno, a√ļn le debe a Echeverr√≠a, a Baruzzo, a Gorosito, a Pinzos y a tantos otros callados y acallados h√©roes de Malvinas.


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