Quiénes somos Federaciones Noticias Buscador Revista LOS GAUCHOS Radio Señal Gaucha Contáctenos Webmaster
Búsqueda avanzada Agregar a Favoritos Hacer página de inicio  
   Inicio
   Radio Señal Gaucha
   Quiénes somos
   Presencias y Logros
   Federaciones
   El Gaucho
   Regiones Gauchas
   Comidas Típicas
   Humor
   Caballos
   Libros
   Música
   Artesanías
   Gauchadas
   Calendario
   Fotos
   Postales Gauchas
   Glosario
   Agradecimientos
   Correo del Lector
    Contáctenos



 
Argentina, 09 de Julio del 2015  

Recados y espuelas, infaltables para el viaje 
En las prolongadas travesías por los duros caminos de la pampa, las pilchas gauchas eran motivo de orgullo.
Tiempo de lectura: | 1441 lecturas.
  Foto
+ Ampliar imagen

En Buenos Aires de anteaño y en la campaña de todo el país, el consumo de de monturas llamadas recado era inmenso, ya que el caballo era el único medio de transporte, de carga, de juegos, de diversión y de amenos paseos, entre otros usos.

El recado es una montura pesada que ofrece gran comodidad cuando en medio del proyecto el jinete lo hace cama, y se cubre con el poncho, los pies protegidos por las botas fuertes o las de potro con los dedos afuera. También se usaban antes calzoncillos de cribo y fleco y chiripa. Llevaban junto al recado lazo y bolas, aun cuando nunca hubieran enlazado un solo animal. No faltaban las espuelas grandes – de rodajas aunque fuese de hierro los estancieros ricos las llevaban de plata hasta de dos o tres libras de peso, con estas pilchas atravesaba el pueblero la ciudad de regreso a la campaña.

Los jóvenes solían despedirse de las familias de su relación, y estas despedidas podían durar dos o tres días, nos dice José Antonio Wilde en su magnífico libro Buenos Aires desde 70 años atrás. El nos cuenta que el agauchado despedido entraba en una casa produciendo un ruido áspero, fruto de las enormes rodajas de las espuelas que rechinaban sobre el pavimento del zaguán.

La joven de la que venían a despedirse se admiraba del bordado del tirador, del cabo y la vaina cincelada del inmenso puñal, del tamaño de las espuelas… y no había más remedio que invitarlo con unos mates acompañados de rosquillas o de torta frita.

En esa época el gaucho más lujoso o más “platudo” llevaba como adorno en su tirador 40 o 50 petacones y también algunas cosas de oro; muchos depositaban allí toda su fortuna. Pero también gastaban riendas con argollas y pasadores de plata, cabezada y fiador del mismo metal chapas de plata en la cabezada del recado, estribos pesados con adornos de metal, y en el norte usaban los estribos de baúl o trompa de chancho tallados en madera de algarrobo.

El rebenque solía tener cabezal de plata, a veces con rosetas o adornos de oro, los estribos de sahumador y el pretal fueron introducidos por los orientales del Gral. Oribe.

Pero volvamos al recado: por gran número de años, muchos hombres de campo no conocían otra cama que su recado. Porque en aquellos años las distancias eran largas para el caballo, y los campos despoblados, salvo las postas donde se cambiaban caballos y se proveía al viajero de agua fresca y de algún alimento, pero dormir allí en cama era imposible por las chinches, las pulgas las garrapatas y roedores que pululaban por las postas. Por lo tanto a campo abierto o debajo de un árbol frondoso, el viajero tendría su recado colocando las piezas que formaban su “áspero”. Primero la carona, luego las jergas y el conillo, y para cabecera el recado relleno con la chaqueta o el poncho, mas la ropa secada antes de acostarse. Por mucho que no se crea, podemos asegurar que esta era una magnifica cama después de una jornada de 25 o 30 leguas de viaje por caminos abruptos y a veces salvajes. Esto afirma José Antonio Wilde (1813-1885), gran observador de las costumbres de su época.

Imaginemos al gaucho viajero después de cruzar por tierras de pastos duros, guadales y pantanos, siguiendo caminos de tierra que más se parecían a huellas, y que el hombre ve a lo lejos un poblado y piensa que en el poblado encontrara una pulpería reforzar su ya extenuado cuerpo. Y así que arriba a unos de esos históricos despachos de bebida donde también se vendían bienes de consumo como azúcar, hierbas, sal, porotos, velas, etc., mas algunos implemento para las tareas de campo. La pulpería también era el lugar de encuentro de charlas y de palladas entre reseros, gente del lugar y viajeros. La pulpería era infaltable en los relatos camperos de los siglos XIX y XX.

El extraño nombre de pulpería derivaría – según el investigador y amigo Fernando Assuncao – de pulpo, pues parece que en ellas se encontraban pulpos disecados colgados sobre el muro sobre el mostrador.

Nuestro viajero está llegando al fin de su viaje, y en su cara se ilumina, a pesar del cansancio, cuando sale a recibirlo la peonada con cariño y admiración por la riqueza se sus ¡pilchas gauchas!

"Gentileza:Diario La Nación, Sección Rincon Gaucho.- Edición y titulado:Mariano Wüllich -Srio Prensa CGA"


Volver
   Imprimir esta nota Enviar esta nota por email a un amigo


Señal Gaucha - Radio por Internet
  COLABORADORES
  Libros - Novedades

Presente de Gauchos en Provincia de Buenos Aires
por María Cecilia Pisarello
155 páginas

  Música - Novedades


"LOS ARRIEROS DE SALTA"
Los Arrieros de Salta (Un Canto a Nuestra Tierra)

  Email: correo@confederaciongaucha.com.ar | Contáctenos | Estadísticas Ir Arriba 
 © Copyright 2003-2017 Alejandro Salvatierra  
Optimizado para una resolución de 800x600 píxels utilizando Internet Explorer 5.x y versiones posteriores.
Sitio diseñado por Alejandro Salvatierra
Golem Solutions
Inicio | Noticias | Federaciones | Suscripción | Webmaster | Contáctenos
contador de visitas