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Argentina, 10 de Septiembre del 2015  

"EL LIBRO LEIDO PARA UD."  
Del libro ENTRE LOS GAUCHOS de Hugo Blackhouse
Tiempo de lectura: | 800 lecturas.
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Del libro ENTRE LOS GAUCHOS de Hugo Blackhouse, extraemos algunos p√°rrafos memorables, que son una fotograf√≠a de la vida de nuestros gauchos, y contado por un ingl√©s que los admiraba, pero que se hizo gaucho, convivi√≥ con ellos, aprendi√≥ su maestr√≠a en el manejo del caballo, necesario para trabajar los campos en esos tiempos, y tambi√©n ahora. Reflejan sus relatos la zona que habitaban, las dificultades del terreno, describe su flora y fauna, y todas las cosas que le impactaron, y que ahora nos sorprenden, a√ļn a los que algo de eso conocemos.-

De aquí en mas iremos dando a conocer otros episodios vividos por el autor en el mundo de los gauchos,

¬°que aun existen entre nosotros!.



¬ďToro¬Ē y el toro

Las barrancas me compensaron con exceso la perdida de San Miguel. Era una estancia diferente, m√°s primitiva y alejada de la civilizaci√≥n, estaba 150 metros m√°s cerca de la cumbre, por encima de la l√≠nea de arboles del pa√≠s y demasiado alta para que medraran las variedades le√Īosas corriente en la sierra, pero los pastos eran mejores a√ļn y el ganado, durante los meses de verano, presentaba igual aspecto que el alimentado con alfalfa. El terreno del valle era negro como la p√≥lvora, y todo lo que pod√≠a resistir los fr√≠os inviernos crec√≠a de un modo excepcional. Una planta de ma√≠z ten√≠a a menudo hasta seis mazorcas por tallo y tres de ellas pesaban un kg.

Unos de mis vecinos, que viv√≠a aun m√°s arriba me ense√Īo una patata de m√°s de un kilogramo, y algunas esquejes daban rosas tres veces m√°s pronto que en suelo m√°s abajo.

No tarde en tener una bonita casa rodeada de flores por todas partes y con una galer√≠a ornada de enredaderas. El c√©sped de delante, por el que se iba a la peque√Īa presa en los d√≠as de sol a California ¬ďcomo llam√°bamos a aquellas en que el astro calentaba sin molestar¬Ē era un sitio de los m√°s agradable para pasar una tarde ociosa tendido en loa mecedora.

Con el cultivo y la plantaci√≥n este nuevo valle se fue volviendo cada vez m√°s atractivo, no solo desde el punto de vista art√≠stico, sino tambi√©n en relaci√≥n con el ganado criollo que vagaba hacia el norte. Las tapias de piedra no serv√≠an para detener las reces, y aunque las est√°bamos echando constantemente, insist√≠an una y otra vez pisoteando plantas j√≥venes y haciendo bastante da√Īo. Mi capataz, Jer√≥nimo que cuidaba del ganado vacuno, se me quejo un d√≠a:
--Se√Īor- me dijo- , si no atajamos esta torada, van a estropear la plantaci√≥n. El macho frontero es muy ch√ļcaro y no respeta nada; es el que ahora paso a los otros, y abr√≠a que matarlo.
-- es imposible—repuse yo-. No podemos matar ganado que no es nuestro; pero daremos a ese bandido una buena lección. Ten unos caballos prevenidos por si vuelven a meterse aquí.
A la ma√Īana siguiente, muy temprano, estaba yo visti√©ndome cuando Jer√≥nimo se asomo por la ventana y tabaleo en el cristal.
--¬ŅQu√© pasa, amigo? ¬Ė Pregunte ¬Ė los intrusos, se√Īor, y ya tiene dispuesto el caballo- .
En cinco minutos estuvimos en las sillas, con mi bulltierrier ¬ďToro¬Ē detr√°s de mi montura.
Aunque nos fuimos acercando con la máxima precaución a aquellos vagabundos nos olfatearon y empezaron a despejar el terreno.
- ¬ŅCu√°l es? ¬Ė grite a Jer√≥nimo, en el momento de poner los caballos al galope.
- ¬°all√≠ va, Don Hugo! ¬Ė contesto, se√Īalando hacia un animal grande y seco, de pelaje amarillo y blanco, bien provisto de guampas.

¬ďToro¬Ē y yo iniciamos la caza: yo, montado en ¬ďcamellos¬Ē, jaca serrana sumamente √°gil; a poca distancia de mi corr√≠a el perro esperando la se√Īal de atacar. No alcanzamos al fugitivo hasta la primera cerca de piedra, yendo hacia el rio, porque el ganado serrano especialmente el criollo, puede correr como el venado. Cuando, finalmente me puse a su nivel galopando, me volv√≠ de pronto hacia el mi caballo, este comprendi√≥ enseguida, y tan pronto como le tire de la rienda, se abalanzo en derechura sobre el toro, d√°ndole una pechada en plena paletilla. El choque fue tremendo y la bestia se desplomo de costado, mientras ¬ďcamello¬Ē saltaba por encima con seguridad. El resto de la manada atraves√≥ la cerca, mientras mis hombres daban voces y manejaban diestramente los rebenques.

Volv√≠ a prisa hacia la res derribada, para obligarla a pasar por la brecha; ¬ďToro¬Ē se estremec√≠a excitado pero aguardaba d√≥cilmente mis √≥rdenes. La aturdida bestia se incorporo con trabajo, y, en vez de escapar, escarbo el suelo con sus pezu√Īas, bufando y bramando, al mismo tiempo que segu√≠a los movimientos de ¬ďcamello¬Ē con ojos furiosos, inyectados en sangre iba a envestir, y lo abr√≠a echo si yo no hubiese dado a ¬ďToro¬Ē la se√Īal.

Como un rayo, el perro se lanzo a la pelea. Un mordisco en la pata trasera obligo al enfurecido animal a mirar a su nuevo enemigo; ¬ďToro¬Ē describi√≥ un c√≠rculo, le salto a una canilla delantera y luego retrocedi√≥ unos metros saltando hacia la tapia derribada. El toro, cada vez m√°s rabioso, se abalanzo en direcci√≥n a su agresor, pero el perro se manten√≠a a distancia, emitiendo sus ladridos m√°s pavorosos, mientras le hac√≠a regates y le tiraba mordiscos al morro.

Cuando el toro envisti√≥ al perro, empole√© mi caballo y cog√≠ el rabo del broto con una mano; luego, con la otra, le aplique el rebenque en los costillales. Empa√Īado en alcanzar a ¬ďToro¬Ē con los cuernos, el enloquecido animal segu√≠a tirando derrotes; as√≠ como una zanahoria conduce un burro, ¬ďToro¬Ē se llevaba a su hom√≥nimo a trav√©s de la brecha abierta por los otros animales de la manada.

El torrente, a 50 metros de all√≠, dejaba o√≠r el estruendo de sus aguas al precipitarse. A la derecha, su curso se aplanaba, y el ganado pod√≠a vadear el rio hacia sus pastos del norte; pero a la izquierda estaba el profundo remanso que utiliz√°bamos para ba√Īarnos, y una peque√Īa cascada por encima del imped√≠a seguir adelante a caballo por la orilla del rio.

No, me explico porque el toro cambio de táctica; el caso es que, tan pronto como pasamos al otro lado de la cerca de piedra, de volvió contra mí y para esquivar la acometida tuve que acercarme al remanso.

El perro viendo que las cosas no iban muy bien, intervino de nuevo, y en un instante clavo sus fuertes mand√≠bulas en la nariz del toro. Con un mugido atroz, trato de liberarse de su atacante, sacudiendo la cabeza de un lado a otro, pero en vano, el perro permanec√≠a colgado, mientras su v√≠ctima, avanzando despacio hacia la rebalsa, buscaba por donde huir. Yo no pod√≠a hacer nada para cambiar la direcci√≥n que llevaban los dos animales, pues me dispon√≠a a distraer a ¬ďToro¬Ē en su tarea de evitar las pezu√Īas de su adversario, que acabar√≠an con el si le alcanzaba en su continuo machaqueo.

He visto a caballos salvajes valerse de toda clase de tretas para librarse de sus jinetes y supongo por eso que el toro intentaba sumergirse en el agua con objeto de desembarazarse de su enemigo. De todos modos, permanecí sentado esperando, en la idea de que, si el toro saltaba al remanso, mi perro se soltaría a tiempo para no caer allí.

Finalmente, con impulso terrible se lanzo aquel demonio amarillo. Volví a mirar después de la imponente zambullidla, contando con que el perro estaría nadando libremente. ¡Nada de eso! La lucha proseguía y el perro continuaba colgado de la nariz del toro.

Medio minuto despu√©s observe algo sorprendente. En medio de la poza continuaban los dos animales peleando enconadamente; ¬ďToro¬Ē no parec√≠a preocuparse mucho por estar debajo del agua: hundi√≥ a tirones la cabeza del toro una docena de veces, y otras tantas sali√≥ levantado en los esfuerzos de su adversario por respirar. Estaba seguro de que los dos se ahogar√≠a, aunque mi perro parec√≠a ir adquiriendo ventaja.

Por √ļltimo, no me fue posible seguir contemplando inactivo la tragedia que amenazaba a mi perro; como no pod√≠a hacer otra cosa me deje caer en el remanso montado en ¬ďcamello¬Ē.

Esta jaca m√≠a jam√°s vacilaba en cumplir una orden, para deslizarse por las espinadas y resbaladizas paredes de una pe√Īa o saltar de roca en roca si hac√≠a falta; no conoc√≠a el miedo. La dirig√≠ hacia los combatientes y all√° se lanzo nadando vigorosamente en 3 metros de agua; la hice acercarse por delante de la cabeza del toro, donde el perro segu√≠a debati√©ndose sin soltar presa, y consegu√≠ agarrar al bullterrier por el corto rabo.

Refrene a ¬ďcamello¬Ē lo que casi nos cost√≥ hundirnos en el agua, y solt√© las riendas. R√°pidamente me incline antes de que la jaca, en sus esfuerzos se apartara de all√≠, y, abandonando el rabo de ¬ďToro¬Ē, le cog√≠ la nariz y la mand√≠bula interior con ambas manos, mientras sujetaba el caballo con las rodilla, lo m√°s fuerte que pude.

Me costó mucho trabajo lograr que el perro cediera y no falto mucho para que me sacase de la silla.

¬ďToro¬Ē libre al fin, aunque bastante cansado, abr√≠a acometido nuevamente a su adversario, pero le retuve bien por el collar; ¬ďcamello¬Ē nos llevo a nado hasta la orilla, y seguidamente trepamos hasta el terreno seco de m√°s arriba.

El toro nado hasta la orilla opuesta, mas empinada todav√≠a, y, tras uno o dos intentos vanos, logro al fin salir del agua; luego, bordeando un muro de piedra fue, tambale√°ndose, al sitio por donde hab√≠a entrado en el campo. Ya no volvimos a ver aquel toro de pelaje amarillo y blanco, pues nunca se atrevi√≥ a irrumpir de nuevo en nuestro dominio; fue una buena lecci√≥n, que f√°cilmente pudo haber costado la vida a mi valeroso ¬ďToro¬Ē.

Tales caso son frecuentes en la vida del campero, y no se les da importancia por considerarlos triviales. Todo aquel que elija este modo de vivir debe confiar en sí mismo, tener individualidad y bastante iniciativa para resolver los problemas de cada día. Acierte o no, nadie reprochara a quien allá echo lo que pueda.

No cabe conseguir una escuela mejor para adquirir seguridad, que la del campo. ¬ŅEs posible imaginar que se conf√≠en a un hombre inculto, que no sabe leer ni escribir, hatos de ganado por valor de m√°s de 10000 libras esterlinas? Esto no puede ser nuestro √ļnico capital y significar la ruina, si se pierde. Sin embargo, a este rudo hombre de la naturaleza se recomienda su cuidado no solo en el campo, sino en el transporte de un sitio a otro, el cual puede durar semanas enteras y pasar por muchas pruebas a lo largo del viaje. De esta manera, el buen criollo o gaucho tiene por norma de perder una sola res, aun por fuerza mayor, es una deshonra.

El autentico criollo se siente orgulloso de la confianza de su protón, y también de su propia habilidad en todo los asuntos del campo. No tolera insultos a este amor propio, y defenderá su honra con el facón. La misma palabra gaucha, aplicada hoy a un hombre es un cumplido; significa que es no solo un campero cabal en el trabajo, sino también un hombre de honor.

¬ďhacer una gauchada¬Ē, frase que se aplica refiri√©ndose a alguna acci√≥n generosa, o ¬ďel hombre es muy gaucho¬Ē, quiere decir, en este sentido, que se trata de una persona recta, que procede lentamente en todo los terrenos, aunque nada sepa de las faenas del campo. Esta frecuente aplicaci√≥n del nombre que llevaban los antiguos camperos a persona de buen cr√©dito en la actualidad demuestra simplemente el firme esp√≠ritu de campo y el indomable orgullo de aquella gente, que se ha dejado a la Argentina como herencia de la palabra gaucho, para que sirva de emblema a sus hijos, como la imagen de San Jorge a la raza Inglesa.

Yo, que me hice hombre entre esos hijos de las pampas, y despu√©s he convivido con hombres de otros pa√≠ses, aseguro que no existe mejor amigo o compa√Īero que el gaucho genuino, si hay quien le supere en cuestiones de honor. Desde luego que est√° sujeto a la flaqueza de la carne, igual que cualquier otro ser humano, pero no es traidor ni mezquino, ni siquiera en la adversidad; peleador, tal vez, pero honrado, y un hombre por encima de todo.


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