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Argentina, 23 de Septiembre del 2015  

"20 de Septiembre" 
Día Nacional del Caballo!!
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"Gato y Mancha"
La epopeya de dos caballos criollos

El 20 de Septiembre de 1928, después de 3 años, 4 meses y 6 días de cabalgata, el gaucho-suizo Aimé FelixTschiffely entró en la ciudad de Nueva York montado en el legendario “Mancha”, un caballo criollo de 18 años, dando así por concluida la travesía de 21.500 kilómetros iniciada en Buenos Aires. En conmemoración de esa fecha, el Honorable Senado de la Nación Argentina y la Cámara de Diputados, designaron el día 20 de Septiembre de cada año como “Día Nacional del Caballo”.

La fidelidad de Gato y Mancha

Cuando iniciaron la épica travesía desde Buenos Aires el 24 de Abril de 1925, Mancha tenía 15 años de edad y Gato 16. Habían sido adquiridos por el Dr. Emilio Solanet (1) en la provincia de Chubút, al cacique Liempichún, en la zona ubicada entre las localidades de Río Mayo y Río Senguerr, donde se habían acostumbrado a los sobrios pastos patagónicos y a su clima riguroso.

En el amanse de ambos caballos intervinieron varios de los mejores amansadores, por ser ambos animales de carácter altivo, casi arisco. Tschiffely, que compartió con ellos más de tres años de ásperas travesías, en su obra “Mancha y Gato - la odisea de dos caballitos criollos” asevera cuanto sigue:
“Desde los primeros días advertí una real diferencia entre sus personalidades. Mancha era un excelente perro guardián: estaba siempre alerta, desconfiaba de los extraños y no permitía que hombre alguno, aparte de mí mismos, lo montase… Si los extraños se le acercaban, hacía una buena advertencia levantando la pata, echando hacia atrás las orejas y demostrando que estaba listo para morder… Gato era un caballo muy distinto. Fue domado con mayor rapidez que su compañero. Cuando descubrió que los corcovos y todo su repertorio de aviesos recursos para arrojarme al suelo fracasaban, se resignó a su destino y tomó las cosas filosóficamente… Mancha dominaba completamente a Gato, que nunca tomaba represalias”.

Ambos caballos se aficionaron pronto a Tschiffely, al punto que nunca se separaban de él. Relata el mismo Aimé:
“Mis dos caballos me querían tanto que nunca debí atarlos, y hasta cuando dormía en alguna choza solitaria, sencillamente los dejaba sueltos, seguro de que nunca se alejarían más de algunos metros y de que me aguardarían en la puerta a la mañana siguiente, cuando me saludaban con un cordial relincho”.

Por infinitas travesías

El 24 de Abril de 1925, Tschiffely partió desde la sede de la Sociedad Rural Argentina en Buenos Aires para dar inicio a una de las cabalgatas más duras y extensas del siglo XX. A lo largo de 21.500 kilómetros conquistó el record de distancia efectuado por un jinete a caballo. Atravesó altísimos portezuelos y pasos andinos en Bolivia; cruzó salares y desiertos de fuego, para internarse luego en las espesísimas selvas de Centroamérica; soportó temperaturas extremas en la alta cordillera o sobre las arenas infinitas. Él habla de 18 grados bajo cero en algunas cordilleras y de hasta 52 grados de temperatura en los desiertos.

Quizás exagerando un poco, matutinos como LA NACION escribieron lo siguiente:
“En Huarmey, el baqueano no pudo más, ni sus bestias. En cambio los dos caballos criollos Mancha y Gato se revolcaron para secar el sudor de sus lomos y enseguida se dirigieron hacia las pasturas con hambre de leones. De Huarmey a Casma -30 leguas- los esperaban calores colosales: ¡52 grados a la sombra!, sin agua, ni forraje; solo arena… arena… arena… Allí los cascos se hundían varias pulgadas en la arena caliente”.

Concluida con éxito la gran travesía, la prensa mundial se hizo eco de la hazaña con notas altisonantes. Una editorial decía:
Después de tres años y cinco meses, Aimé montado en Mancha su fiel compañero (Gato tuvo que quedarse en la ciudad de México al ser lastimado por la coz de una mula), concluyeron la hazaña: al llegar a la quinta avenida de Nueva York llevaba en los cascos de su caballo el polvo de veinte naciones atravesadas de punta a punta, en un trayecto más largo y rudo que el de ningún conquistador, y sobre su pecho, exhibía un moño blanco y celeste -bien ganados como una condecoración- los colores argentinos.

Los últimos días de Mancha y Gato

Mancha y Gato llegaron de regreso a Buenos Aires en barco, el día 20 de Diciembre de 1928 donde fueron recibidos como dos héroes.

Muchos años después, Aimé Félix Tschiffely -de regreso de un viaje a la Patagonia (2)- volvió a la estancia “El Cardal” donde había dejado sus dos famosos caballos criollos. Para la ocasión les traía desde la lejana Patagonia un manojo de los duros pastos de aquellas mesetas a manera de recuerdo y homenaje para ambos amigos. Se bajó en la tranquera de la estancia donde lanzó un silbido y al momento Gato y Mancha se le acercaron al trote. ¡Lo habían reconocido después de muchos años!

El mismo Tschiffely narra su último encuentro con sus dos amigos:

“En mi última vuelta, una vez más visité a mis dos viejos caballos Mancha y Gato, que se veían tan bien como siempre y estaban evidentemente complacidos de encontrarme. Durante mi visita a las áridas regiones patagónicas donde habían nacido, había cortado un manojo del pasto áspero como un cepillo, que crece allí. Lo había hecho para averiguar si todavía recordaban su olor. A menudo había oído decir a los viejos gauchos que los caballos nunca se olvidan de la región donde nacieron y que la recuerdan por el olor de su suelo y su pasto.

Es imposible afirmar para mí que mis dos caballos recordaron, cuando les ofrecí el manojo de pasto seco.

Lo que ocurrió fue esto: Mancha y Gato estaban comiendo suculentos hierbas y trébol, y cuando saqué mi pequeño manojo de pasto patagónico y se lo ofrecí, lo olieron unos segundos, con las orejas paradas y otras indubitables señales de interés. Gato pronto se apartó para seguir pastando, pero Mancha, después de dudarlo un poco, pegó un mordisco a lo que le había ofrecido, tras lo cual también se apartó para servirse algo más agradable y tierno”.

Gato y Mancha murieron en 1944 y 1947, a la edad de 34 y 38 años respectivamente. Fueron cuidados hasta su muerte por el paisano Juan Dindart, en la estancia “El Cardal”. Hoy se exponen embalsamados en el Museo de Transportes del Complejo Museográfico Provincial “Enrique Udaondo” de la ciudad de Luján.

Cabe subrayar que Aimé Tchiffely siempre vistió prendas gauchas a su entrada en centros poblados. Falleció en el año 1954.

1) Emilio Solanet(1887 – 1979): Doctor en veterinaria, productor agropecuario, profesor universitario y dirigente político argentino. Dedicó su vida a la recuperación y perfeccionamiento de la raza criolla de caballos. La hazaña lograda por Gato y Mancha, fue una de sus iniciativas para demostrar la superioridad de esa raza equina.
2) Ver su libro “POR ESTE CAMINO HACIA EL SUR – Un viaje a través de la Patagonia y Tierra del Fuego”
Secretaría de Cultura de la Confederación Gaucha Argentina. Compilación de Antonio BeorchiaNigris.


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