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Argentina, 28 de Junio del 2016  

"EL CACIQUE PINC√ČN" 
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Se llamaba Pinc√©n. Ten√≠a 70 a√Īos cuando dej√≥ que su alma tambi√©n fuera apresada en cinco fotos tomadas poco despu√©s de su captura, en noviembre de 1878 por el fot√≥grafo italiano Antonio Pozzo, con estudio en la calle Victoria 590 (hoy Hip√≥lito Yrigoyen) esquina San Jos√© (Buenos Aires)

El 11 de noviembre de 1878, en un telegrama al nuevo ministro Julio A. Roca (Alsina había fallecido), el coronel Conrado Villegas le comunicaba su captura.

Pinc√©n fue sentado sobre un matungo ayudado por su sobrino el capitanejo Mariano Pinc√©n y con las manos atadas en la espalda con un tiento crudo, fue llevado a Trenque Lauquen, donde estaba acampado Villegas. All√≠ se desarroll√≥ la siguiente escena, que muchos a√Īos despu√©s recordar√≠a un testigo presencial, do√Īa Martina Pinc√©n de Cheuquel√©n, nieta del cacique: "...Est√°bamos todos nosotros (en Trenque Lauquen) cuando vino el General (Villegas) y le habl√≥, y el abuelo dijo: ¬°No me maten! Pero despu√©s dijo: Si me van a matar, que se salve mi familia. El cacique se par√≥, alto como era, blanco, estaba vestido de gaucho; chirip√° y bota de potro, camiseta, camisa blanca. Y lo sacaron as√≠, con camisa y todo. Se lo llevaron. Estaban all√≠ todos, la finada mam√°, mi t√≠a Mar√≠a. Se lo llevaron..."

La captura de Pincén marca el ocaso de la resistencia indígena que se inició un siglo antes, a mediados del siglo XVIII, cuando las incipientes estancias cercanas a la ciudad de Buenos Aires avanzaban sobre lo que era territorio indígena, ocupando progresivamente los campos donde los aborígenes se abastecían de ganado salvaje. Despojados de los campos y de su ganado, las comunidades comenzaron a asaltar las estancias con malones para conseguir alimento, tras lo cual los habitantes de Buenos Aires levantaron los primeros fortines, que fueron de hecho la primera frontera defendida por el Cuerpo de Blandengues, una especie de milicia formada por paisanos mal armados y mal pagados.

En las d√©cadas siguientes, el desarrollo de la ganader√≠a con vistas a su exportaci√≥n desde el puerto de Buenos Aires, reaviv√≥ la urgencia por expandir la frontera m√°s all√° del l√≠mite natural que trazaba el r√≠o Salado. Y si bien en un comienzo predomin√≥ la pol√≠tica de integraci√≥n basada en tratados y negociaciones pacificas con los ind√≠genas del sur, las hambrunas y la p√©rdida progresiva de los territorios aument√≥ la virulencia de los malones ind√≠genas. Entre 1868 y 1874, durante la presidencia de Sarmiento, el Ministro de Guerra Adolfo Alsina busc√≥ frenar los ataques con el cavado de una zanja paralela a la l√≠nea de frontera, de unos 3 metros de ancho por 2 de profundidad, pero no tuvo √©xito. Su sucesor, Julio Argentino Roca, se inclin√≥ por asignar un gran presupuesto para armar un ej√©rcito que erradicara a los indios del territorio entre la frontera y el R√≠o Negro. Y la estrategia fue exitosa: el avance de cinco divisiones de 2 mil hombres, bien vestidos, comidos y armados fue incontenible. De una poblaci√≥n total ind√≠gena de unos 19 mil hombres y mujeres, la campa√Īa al Desierto cosech√≥; - 5 caciques principales presos (entre los que estaba Pinc√©n) y uno muerto (Baigorrita) - 1.271 indios de lanza presos. - 1.313 indios de lanza muertos. - 10.513 indios de chusmas presos. - 1.049 indios reducidos.

Misterio

¬ŅDe d√≥nde hab√≠a venido Pinc√©n? ¬ŅCu√°l era su origen? Algunos dec√≠an que hab√≠a nacido en Guamin√≠. Pero para fuentes consultadas por el historiador, diplom√°tico, periodista y acad√©mico Estanislao Zeballos, Pinc√©n era un indio nacido en Carhu√© y que hizo su fama en pr√°cticas malhabidas: creci√≥ haciendo viajes desde la pampa de Buenos Aires a los valles andinos, traficando ganado robado en la Rep√ļblica Argentina para llevarlo a Chile, "donde los indios eran recibidos como mercaderes honrados, mientras en nuestros campos dejaban marcado su paso con sangre y cenizas. En Chile les era comprada la hacienda a raz√≥n de un poncho por vaca, una botella de ca√Īa o aguardiente por yegua, como precios corrientes, sin perjuicio del negocio de prendas de plata, cuentas, armas y abalorios". Tambi√©n de acuerdo con esta versi√≥n, recreada en el libro de Zeballos, ¬ďEpisodios en los territorios del sur (1879)¬Ē, "La fama de Pinc√©n subi√≥ de grado en los pagos andinos y lograba arrastrar en sus correr√≠as y aventuras nuevos mocetones araucanos que, cediendo al esp√≠ritu aventurero y a la codicia, lo acompa√Īaban a buscar fortuna; y como la bola de nieve, la clientela de Pinc√©n aumentaba sin cesar."

En su libro ¬ďPinc√©n, mito y leyenda¬Ē, el historiador Juan Jos√© Est√©vez rese√Īa varias teor√≠as contradictorias sobre el origen del cacique. Como la del historiador y antrop√≥logo Milc√≠ades Alejo Vignati, quien asegura que los rasgos de Pinc√©n no son los rasgos de un ind√≠gena cien por ciento. "Indudablemente hay mezcla, hay sangre india pero atenuada; casi podr√≠a asegurarse que no es fruto de primera mestizaci√≥n: es decir que uno de los abuelos ha sido el portador de la sangre ind√≠gena." O la de otro historiador; Dionisio Sch√≥o Lastra quien, en ¬ďLa lanza rota¬Ē (1951), cuenta que las ancianas de la tribu de Pinc√©n recordaban que el cacique era hijo de una cautiva cordobesa de R√≠o Cuarto y que de ella hab√≠a heredado el ser ladino (conocer los dos idiomas y, por eso, pod√≠a precaverse m√°s que los dem√°s) y la audacia que siempre mostr√≥.

Seg√ļn Sch√≥o las ancianas contaban que Pinc√©n hab√≠a heredado el car√°cter de su madre, una cautiva blanca de R√≠o Cuarto que se enamor√≥ de un joven capitanejo que ten√≠a por vocaci√≥n el "amansar fieras", o sea, dedicado a la crianza y adiestramiento de pumas americanos y que por ello desde joven lo llamaban Ayllapan (ailla=nueve, pangui=le√≥n o puma). De la uni√≥n de ambos naci√≥ Pinc√©n, quien fue un eximio cazador y adiestrador de pumas, actividad que habr√≠a aprendido de su padre.

De contextura atl√©tica y robusta, con su metro ochenta de altura, Vicente Pinc√©n se destacaba por sobre las siluetas de los dem√°s ind√≠genas. Frente a un ej√©rcito poderoso y pertrechado, su nombre comenz√≥ a ser leyenda en su juventud en la zona de Pergamino por vencer a los militares con ingenio y ferocidad. Se contaba por ejemplo la vez en que Pinc√©n y cien de los suyos volv√≠an de un mal√≥n con cerca de 4.000 potros arrebatados de las estancias del lugar. "Dieron contra un cuerpo de l√≠nea que los aguardaba pie a tierra, cerr√°ndoles con las bocas de sus armas el paso entre los ca√Īadones. Los indios, sinti√©ndose perdidos, se volvieron a mirar al cacique como requiri√©ndole que resolviera la situaci√≥n. Pinc√©n, con un golpe de vista de buitre, improvis√≥ con sus hombres una manga y lanzando por entre ella a los 4.000 potros espantados, los llev√≥ contra los soldados que resultaron pisoteados y dispersos. Pinc√©n gan√≥ el desierto sin una baja y con todo el arreo"

O cuando hac√≠a frente a los fusiles a repetici√≥n con un arma de su invenci√≥n llamada ¬ďel lazo¬Ē: la llevaban dos caballos unidos por un lazo y en medio de √©ste, suspendida, una bola grande de piedra. Se pon√≠an al galope los caballos, que eran azuzados para que continuaran en esa ruta. La piedra golpeaba as√≠ el coraz√≥n del piquete haciendo el desparramo o impidi√©ndoles a los soldados tomar punter√≠a, mientras los indios se acercaban con rapidez para ultimarlos.

En esta lucha entre indios y soldados, s√≥lo se pod√≠a vencer con el ingenio porque, a diferencia de lo que sucedi√≥ en los Estados Unidos - con los comancheros o los traficantes de armas -, en nuestras pampas los abor√≠genes no tuvieron acceso a las armas de fuego. Por el contrario, ya en 1877 - cuando se inicia la √ļltima fase de la Campa√Īa al Desierto -, el soldado bien montado y con un sable estaba notoriamente en mejores condiciones de defenderse frente a un indio con una lanza de casi tres metros o portando la llamada bola perdida o bola de combate, por m√°s diestramente que se la manejara. (El coronel Villegas sol√≠a decir que un soldado en estas condiciones equival√≠a a tres o m√°s indios.) Y a esto hab√≠a que sumar el Remington. Porque con el antiguo rifle de un solo tiro - que le insum√≠a unos minutos al soldado volverlo a cargar- el indio sab√≠a que era el momento oportuno para irse al humo y ultimar al soldado (de ah√≠ la frase: "se me vino al humo"). Pero el Remington, un rifle a repetici√≥n, puso de una vez y para siempre a los indios en franca desventaja en el combate dej√°ndoles la huida como √ļnica salida posible.

Batallas y detención

Pero más allá de su astucia, la fama de Pincén creció por su postura ofensiva contra el gobierno de Rosas en desmedro de la postura acuerdista y sólo a veces defensiva del cacique Calfucurá.

Entre sus mayores audacias se cuentan el robo de los famosos Blancos de Villegas , el 21 de octubre de 1877, cuando los indios se llevaron de la comandancia de Trenque Lauquen, 53 de esos caballos blancos, custodiados bajo siete llaves. Como viejos contrincantes, Pincén y el coronel Villegas se tenían gran respeto.

Fue Roca quien ordenó a Villegas batir a Pincén en sus propios dominios y conducirlo prisionero a Buenos Aires. Y Villegas cumplíó. El Cacique fue detenido con su familia en noviembre de 1878, cerca de la laguna Malal (noreste de La Pampa), y un mes después, arribó a la capital, para ser recluido en la Isla Martín García con parientes y otros de su tribu.

Muerte misteriosa

No hay datos exactos sobre su muerte. Hay quienes dicen que el cacique muri√≥ en la isla Mart√≠n Garc√≠a, en una segunda prisi√≥n tras cuatro a√Īos de libertad.

Otros aseguran que ya estando en libertad, Pinc√©n decidi√≥ morir en Guamin√≠, donde para algunos habr√≠a nacido y donde vivi√≥ en sus a√Īos mozos y que por esto parti√≥ con algunos miembros de su familia hacia Los Toldos y despu√©s hacia su morada final, a orillas de la laguna El Dorado.

Dicen que la √ļltima vez que se lo vio, all√° por 1896 √≥ 1897, el cacique juntaba ma√≠z en las chacras de San Emilio. Dicen tambi√©n que cuando se sinti√≥ morir Pinc√©n viaj√≥ a Trenque Lauquen a despedirse de su familia. Y que su cad√°ver fue llevado por los blancos. Para otros, su cuerpo fue envuelto en cuero y arrojado a una laguna. Y Juan Jos√© Est√©vez se inclina por la versi√≥n de que alg√ļn familiar pudo haberse encargado de los restos y se hallen en custodia en alg√ļn cementerio.

Hoy Luis Eduardo Pinc√©n, tataranieto del cacique, 45 a√Īos, profesor de Ciencias Naturales y presidente de la ONG ¬ďNamuntu¬Ē (Estar de pie), asevera que el legado de Pinc√©n es enorme porque da el marco de c√≥mo vivir y c√≥mo trabajar.

"Nosotros, los indígenas, no éramos tan malos como nos pintaban. Fuimos los primeros villeros, los primeros rebeldes por la frustración que sentimos al ser desalojados de nuestra cultura e incluidos en una sociedad que sólo nos aceptaba en los estratos más bajos."

Fuente: Texto de Claudia Selser / Revista VIVA


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