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Argentina, 29 de Diciembre del 2016  

DO√ĎA FELIPA, LA M√ČDICA DE LA ALFALFA 
Por Hebe Almeida de Gargiulo
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En nuestra entrega anterior publicamos una interesante nota costumbrista del escritor y estanciero Hugo Backhouse titulada ¬ďCuraciones en las sierras de C√≥rdoba¬Ē que el autor escribi√≥ hacia el a√Īo 1930. Continuando con el tema de la medicina campera, nuestra Secretaria de Cultura, Prof. Hebe Almeida de Gargiulo, nos facilit√≥ una investigaci√≥n de su autor√≠a referida a la famos√≠sima do√Īa Felipa del Carmen Rojas, mejor conocida como ¬ďla M√©dica de la Alfalfa¬Ē, que ella conoci√≥ personalmente. Las extraordinarias dotes de do√Īa Felipa, pronto trascendieron los l√≠mites de la provincia de San Juan creando un halo casi m√≠stico acerca de sus diagn√≥sticos como tambi√©n por las hierbas medicinales que recomendaba.

La conoc√≠a ¬ďde mentas¬Ē pr√°cticamente desde la infancia. Hab√≠a o√≠do relatos asombrosos, confirmados por algunos profesionales y sent√≠a gran curiosidad por entrevistarla.

Muchas veces pretendimos acercarnos mi esposo y yo y siempre se nos plantearon dificultades. En verdad nuestro afán no era de pacientes, sino de investigadores y no sabíamos como encararla con sinceridad. Finalmente pudimos concretar las dos apetencias: la consulta y la entrevista posterior.

La consulta

Tras una frustrante visita a un especialista de la Capital, y como consuelo, mi marido me llevó unos días a las termas de Pismanta.

Para quienes no conocen ese pedazo de suelo sanjuanino, enclavado entre los cerros, a poco más de tres horas de la ciudad, debo aclarar que fuimos por un buen camino, desde San Juan al norte primero, hasta la ciudad de Jáchal (156 km.). Un alto obligado por la sangre y los recuerdos: las tumbas de mi padre, dos hermanos y mis abuelos jachalleros; una breve visita al Patriarca San José y la partida rápida para no comprometernos con los numerosos amigos.

Despu√©s rumbo al oeste, entre curvas y badenes, t√≠pico camino de cornisa; a un lado el r√≠o con todos los mensajes de una infancia campesina y feliz, y al otro los cerros, pelados y fuertes, monta√Īas en serio. Atravesamos los t√ļneles repetidos y avistamos Rodeo, el valle sereno donde ¬ďsosiega el tiempo¬Ē. Muy cerca, el Departamento se llama Iglesia, donde est√°n las termas con sus aguas calientes y mineralizadas, cuya fama medicinal ha traspuesto las fronteras de la Argentina. Tras un par de d√≠as de una serenidad irrepetible, decidimos visitar a Do√Īa Felipa, en su casa de La Alfalfa.

Antes de continuar el relato, debo referir mi estado de salud en ese momento: padezco, porque todav√≠a dura y ya me pronosticaron que debo hacerme su amiga, una artrosis generalizada; adem√°s, ese a√Īo, tras un serio episodio pulmonar, me qued√≥ la secuela de un espasmo bronquial, activado por los cambios de temperatura. De este √ļltimo todav√≠a no ten√≠a diagn√≥stico definitivo y hab√≠a consultado a especialistas de C√≥rdoba y Buenos Aires.

Antes de partir de Pismanta , debimos recoger la orina de la primera hora. Y nos fuimos, por entre paisajes de ensue√Īo; atravesamos Tudcum y costeando la monta√Īa, rumbo a Ang√ľalasto, llegamos a casa de Do√Īa Felipa. Era un claro domingo de primavera apenas nacida, que nos permit√≠a respirar con fruici√≥n. All√≠, en contacto con la naturaleza total, comprend√≠ que estaba bien consultar la ciencia de la ¬ďm√©dica de La Alfalfa¬Ē y sus saberes no aprendidos.

Nos hizo esperar largo rato, lo que nos permitió adentrarnos en la circunstancia particular que estábamos viviendo, dos profesionales de larga trayectoria, poco dados a la credibilidad.

Cuando el sol ya se hizo importante en el escenario, Do√Īa Felipa nos invit√≥ a pasar al amplio patio de tierra de su casa. All√≠ hab√≠a tres sillas (una para ella, una para la paciente y la otra para el acompa√Īante), un banco entre las dos primeras sobre el que se destacaba un papel blanco, grande. Ya instaladas, ella en su silla, delante del banco y en frente yo, volc√≥ la orina en un largo vaso de cristal, de esos llamados ¬ďpotrillos¬Ē y permiti√≥ con un movimiento que un rayo de sol se filtrara a trav√©s del l√≠quido. Una imagen de curvas se reflej√≥ en el papel blanco y ella iba se√Īalando algunas zonas como partes de mi organismo. Despu√©s de un pesado silencio, concentrada mirando la imagen, dijo con voz grave, como si hablara sola: ¬ďTiene enfermedad a los g√ľesos¬Ē, y prolongando las oes de ¬ďtooodos¬Ē como para destacarlo.

Segu√≠a mirando el dibujo abstracto para nosotros, y por momentos me miraba a m√≠ en la cara, en el cuerpo, en las piernas. De repente, como si acabara de entender algo, dijo: ¬ďNo, no tiene nada en los g√ľesos, es en las coyunturas¬Ē. (No s√© si hace falta recordar que mi problema no son los huesos sino las articulaciones¬Ē.

La observaci√≥n no se deten√≠a. Cada tanto hac√≠a movimientos con el vaso y contemplaba la imagen reflejada. Volvi√≥ a hablar: ¬ďTiene enfermedad a los bronquios; pero es por los friamientos, ya se le va a pasar¬Ē.

Y eso fue todo. Terminado el diagn√≥stico, me prescribi√≥ un tratamiento ¬ďpurificante¬Ē con yuyos para beber y para ba√Īarme. Despu√©s deb√≠a iniciar la curaci√≥n con otra suerte de yuyo.

Cuando dejamos la tierra del milagro y regresamos al cotidiano trajín, le conté a la reumatóloga que me atiende habitualmente. Ella aprobó los yuyos porque conoce los efectos que producen en la circulación, cosa que obviamente me aliviaría.

Este es mi caso; yo misma lo viví, y podría relatar innumerables otros que me fueron narrados.

La entrevista

Unos a√Īos despu√©s, en ocasi√≥n de uno de nuestros Ateneos Folkl√≥ricos, nos visitaba don Feliz Coluccio, el distinguido investigador. Urgidos por su inter√©s, y sabiendo que Do√Īa Felipa estaba en su casa de la ciudad, conseguimos que nos recibiera.

Vencida la primera desconfianza, el di√°logo fue fluido y enriquecedor. As√≠ nos enteramos que se llama Felipa del Carmen Rojo de Romero. ¬ďRojas por mi padre y Nicol√≠a por mi madre¬Ē, dice haciendo referencia a una tradicional familia de m√©dicos jachalleros, los Nicol√≠a. En ese momento, 1987, ten√≠a 86 a√Īos y su apariencia era rozagante.

De su vida privada s√≥lo nos cont√≥ que tuvo 10 hijos; que cri√≥ otros 7; que nunca fue a la escuela; que siempre vivi√≥ en el campo, aunque ahora tiene esa casita en la ciudad para mandar a la escuela secundaria a dos mellizos que est√° criando; que su madre vivi√≥ 110 a√Īos, y cuando muri√≥ estaba perfectamente ¬ďde la cabeza; en cambio ahora todos est√°n perdidos de la cabeza; ahora hablan una cosa y ma√Īana hablan otra¬Ē, asegura socarrona.

A nuestra consulta sobre sus dotes responde largamente, Trataremos de resumir, sin cambiar sus palabras, dichas en ese tono tan particular y acompasado del habla jachallera, con acentos diferentes y rico vocabulario castizo.

¬ďPara explicar como curo, tendr√≠a que estar atendiendo al enfermo. Yo curo con yuyos y tambi√©n con medicinas hechas con yuyos¬Ē.

¬ďEl conocimiento me vino solo; es como si estuviera so√Īando un sue√Īo; yo veo la enfermed√° y en el acto se la conozco, qu√© enfermed√° y a donde est√°, en que parte la tiene. Es un poder que tengo yo, que yo le voy a decir, yo no lo he adquirido con nada; me ha venido solo; ¬Ņse da cuenta?, yo le voy a conversar: nosotros viv√≠amos en el campo, en la Ci√©naga de Huachi; esos campos eran de mi madre. Hab√≠a una ni√Īa que la hab√≠an botado los padres porque hab√≠a quedado de encargue; en esos a√Īos que eran tan severos los padres y la hab√≠an botado. Mi madre se hab√≠a ido a J√°chal a hacer las cosas que hacen falta y comprar las mercader√≠as. Y la ni√Īa viene y se enferma de parto, en la noche. Vienen y me llaman a m√≠; era una distancia lejitos, y me fui con otras chiquitas que estaban en la casa. Yo ten√≠a 12 a√Īos; la arregl√© bien, la prepar√© bien; yo no hab√≠a visto nunca tener familia. Por mi Dios que est√° en los cielos y esta tierra que piso y la luz que alumbra, mire, no la voy a equivocar, sino le voy a decir lo que es: a m√≠ me iban agarrando, como si me iban agarrando, ¬ďhac√© esto, hac√© esto, hac√© estotro¬Ē; eso lo voy a decir yo por mi Dios que est√° en los cielos, sin equivocarla ni una palabra, ¬Ņve? Eso es lo que es¬Ē.

¬ďSiempre curaba las muelas; iba al jard√≠n y cortaba yuyitos y les hac√≠a remeditos y les curaba las muelas a los ni√Īos. As√≠ ha sido mi empiezo, ¬Ņve? Yo sin tener contacto con nadie; yo sola con mi madre y mi padre, solos nosotros; pero lejos, una larga distancia; en la Ci√©naga de Huachi, de los Varela, que ha sido de la madre m√≠a; hay que entrar a caballo por huellas. (Ese es el sentido de la lejan√≠a; no es tan grande la distancia, sino que es muy dif√≠cil el acceso; o al menos, era).

Despu√©s vinieron algunas descripciones de enfermedades, desde las verrugas ¬Ė¬ďque se curan los viernes por la ma√Īana¬Ē-, los ¬ďfiltros de ri√Īones¬Ē, la psoriasis ¬Ė¬ďque cuando est√° encarnada no se cura¬Ē- el h√≠gado¬Ö y muchas otras. Se confiesa muy religiosa: ¬ďyo mi religi√≥n la guardo y se c√≥mo la llevo y c√≥mo la voy a atender. Tengo mis im√°genes, el Cristo, la V√≠rgen de Andacollo, todos los Santos y especialmente Santa Cencerrata (confieso no saber si esta es la graf√≠a), que es muy milagrosa y es la abogada de nosotros; tengo una imagen muy antigua. Yo no salgo nunca, √ļnicamente para las fiestas de la iglesia¬Ē.

Y sigue el relato: ¬ďMire, a m√≠ no me gusta hablar, mejor hablen ustedes con la gente y que ellos les digan. Tiene que saber ust√© las cosas por otra boca, y no lo que le diga yo; va a decir: ¬ďesta vieja se las est√° dando¬Ē. No puedo explicar cosas que no son; lo que puedo hacer lo hago y lo que no lo puedo hacer se lo digo. No me gusta equivocar¬Ē.

Preguntada si est√° transmitiendo a alguien su conocimiento dice: ¬ď¬ŅQu√© les voy a ense√Īar?, si eso nace, ni√Īa, eso nace. Y lo de estudio yo no lo ense√Īo porque est√° en los libros¬Ē.

¬ďVamos a conversar. Mire, un muchacho estudiaba medicina en C√≥rdoba, ten√≠a un dolor muy grande en la cabeza, se ca√≠a el muchacho, y la madre me conoc√≠a mucho a m√≠; y el muchacho no ten√≠a fe; claro, como estaba estudiando, estaba pechudo; √©l iba a ser el que les iba a ganar a todos los dem√°s. Le digo mir√°, esta enfermed√° que ten√≠s vos, no creas vos que te pod√≠s curar de esta manera; si te han hecho tantas cosas ¬Ņpor qu√© no te has mejorado? Lo que a vos te falta es poner un poco de fe, la fe es lo que te falta a vos, otra cosa no te falta¬Ē. As√≠ siguen las consideraciones y, sin describir el m√©todo, nos informa como lo cur√≥.

En nuestra curiosidad averiguamos si ella piensa que su saber le viene de Dios y si √Čl le ayuda a curar. Esta fue su respuesta: ¬ď¬ŅPiensa ust√©?, ¬Ņqu√© es la vivencia que ust√© tiene, a donde la tiene? Todo viene de Dios, ni√Īa, ¬Ņde quien m√°s va a ser?¬Ē.

Al hablar de sus m√©todos de trabajo. Que naturalmente no va a ense√Īarnos, ni lo pretendemos, dice que atiende, o atend√≠a porque cada vez lo hace menos, los domingos por la ma√Īana y siempre que haya sol, unas tres o cuatro personas.

Asegura no haber tenido nunca problemas con la polic√≠a, ni los tendr√°, ¬ďporque no le hago mal a nadie; eso s√≠, no pueden tomarme el pelo, si es por una pruebita van a salir muy mal; nunca han hecho eso conmigo porque el castigo se lo llevan ellos. Porque esto no es un estudio es otra cosa¬Ē.

Podr√≠amos llenar muchas cuartillas relatando los innumerables e incre√≠bles ¬ďcasos¬Ē; a√ļn conservo detalles de esta entrevista y otras posteriores. Por ahora la dejamos con su fe, con sus saberes y en su tierra de La Alfalfa. Vaya esta semblanza en representaci√≥n de los que de buena fe y con dones que a√ļn no conocemos, verdaderamente consiguen el reconocimiento de sus semejantes.


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