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Argentina, 17 de Octubre del 2017  

Pampa o arribeño, el poncho se hizo indispensable 
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Acaso una de las pilchas emblemáticas del gaucho sea el poncho, y no porque haya sido inventado o creado en estas tierras ya que con pequeñas variantes fue utilizado por casi todas las culturas de la humanidad, sino por ser prenda principal y muy particular. Muy bellos los del Sur, "pampas" de una sola pieza, y los del norte, "arribeños", tejidos en dos paños, en telar "de cintura".

Desde que Inglaterra comenzó a producir textiles en sus colonias de la India, su expansión territorial acrecentaba su producción. En 1765 comienza a funcionar la primera máquina inglesa de hilado de algodón. Una vez que España le permitió comerciar con el Río de la Plata, a comienzos del siglo XVII, a través de barcos "negreros" (de esclavos) comenzaron a llegar textiles de todo tipo a estas tierras, muy valorados y requeridos, sobre todo por las damas de gustos europeos.

El poncho llegaría más tarde, cuando los viajeros ingleses observaran, ya en el siglo XIX, que se utilizaban aquí y que pasada la mitad del siglo mencionado, los ponchos pampas eran muy requeridos. Tanto, que Juan Manuel de Rosas fomentaba su fabricación, enviando cientos de ovejas a los toldos, ya que los indios no eran afectos a su carne y no las criaban. Con ojos de comerciantes notaron que una india tardaba meses en tejer un poncho y que a máquina, en Manchester o Birmingham se haría en una hora. Y así lo hicieron; algunos imitando grecas y dibujos de los pampas (sin mucha suerte) y otros muy bellos, con adornos que habían utilizado anteriormente en textiles de otro tipo, como figuras geométricas o florales que gustaban mucho.

Los paños a máquina eran grandes y venían sin flecos ni bordes, sólo cortada la boca. Ésos no gustaron demasiado, entonces se les hacían los flecos a tijera, que para que no quedaran de sección cuadrada, se retorcían, dando así el aspecto del fleco de la urdimbre de un poncho tejido.

Los ponchos en su mayoría venían engomados, para hacerlos, de algún modo, impermeables, lo que hizo durable el torcido de los flecos, detalle que aún podemos observar hoy.

Rosas, durante su gobierno, tomó medidas para proteger las manufacturas y promulgó la ley de aduanas en 1835, para diversos rubros. Pero volviendo a los ponchos, digamos que los indios cambiaban diez ponchos pampa por uno inglés, porque los apreciaban muchísimo, por peso y tamaño. Después todo cambió. Los gobiernos posteriores a la Batalla de Caseros (Sarmiento y Mitre, entre otros) no solamente permitieron el ingreso de mercaderías extranjeras, sino que hasta perjudicaron y despreciaron las nacionales, y en la Legislatura porteña llegó a escucharse el argumento que... si no se sacan los aranceles a las telas inglesas, Buenos Aires se vería invadido de ponchos cordobeses" (como si eso fuera una calamidad).

En la nota "Los ponchos de Rosas", escrita por Guillermo Palombo en El Tradicional N°41 de enero de 2001, podemos leer: "Ya por el 1850, con la ley de aduanas algo debilitada en su rigor, un oficial llamado Nicolás Valentín Artalejo, vestía «poncho inglés blanco, listas punzoes» colores que Rosas había elogiado de los muy usados ponchos santiagueños en Buenos Aires, que en realidad eran de lana natural y listas teñidas con "cochinilla" que es un insecto que al molerlo da color grana.

Mansilla nos cuenta en su Excursión a los Indios Ranqueles, que el cacique ranquel Mariano Rosas lo recibió en sus toldos de Leubucó "con chiripá de poncho inglés".

Dejaron de entrar ponchos ingleses a fines del siglo XIX. Luego una firma argentina llamada Campomar compró algunas máquinas y comenzó a fabricarlos aquí, antes de la Primera Guerra Mundial, aunque no tan bellos.

La historia de usos y costumbres del gaucho acaso sea la menos contada, pero es inmensamente rica en datos que siempre llamarán la atención.

Fuente: Raúl Oscar Finucci – La Nacion


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